Custodiar la niñez: ¿sirve el derecho?

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FOTO: AURELIO SOTO DUQUE

En la antigüedad nadie pensaba en ofrecer protección especial a los niños. De hecho, éstos eran considerados como “adultos pequeños”. El Dr. Cárdenas especialista en derecho nos presente un breve e intenso recorrido por los pasos dados por la sociedad hacía la protección de los niños, a su vez denuncia derechos avasallados y donde comienza la madeja del tema.

Bajo nuestros criterios actuales, los infantes y adolescentes fueron gravemente desatendidos antes de que se promulgaran acuerdos y tratados internacionales que velaran por su protección. No obstante, estos acuerdos tampoco responden como deberían frente al valor supremo que significa para una sociedad el custodiar integralmente los derechos de sus niños. Es así como, en general, el derecho hasta hace poco consideraba al niño como objeto (persona incapaz que debía ser representada por adultos) y no como sujeto pleno de derechos, con voz, con opinión, con posibilidad de participar y ser escuchado con prelación, sabedor de su situación y portador de un pensamiento, una religión y una conciencia. 

A mediados del siglo XIX, surgió en Francia la idea de ofrecer protección especial a los niños, lo cual permitió un desarrollo progresivo de sus derechos. A partir de 1841 algunas leyes comenzaron a proteger a los niños en su lugar de trabajo y, a partir de 1881, las leyes francesas garantizaron a los niños el derecho a una educación.

Una historia cruel llama a pensar la situación

En el mundo del derecho y de la sociología es conocido el caso de la niña Mary Ellen, nacida en Nueva York, en 1864.  Su padre murió ese mismo año en la Guerra de Secesión de EEUU. Su madre, agobiada por la viudez y la pobreza, la entregó a los servicios sociales quienes la dieron en adopción a los esposos Mary y Thomas McCormack. Thomas murió poco tiempo después de la adopción y Mary se casó con Francis Connolly. En 1874, la trabajadora social Etta Angel recibió una llamada de auxilio de la vecina de los Connolly, en la que le informaba que constantemente oía llorar a una niña en esa casa, pero que nunca la había podido ver. Cuando la trabajadora social visitó la residencia señalada, descubrió un cuadro aterrador: Mary Ellen, con diez años de edad, estaba en total estado de abandono, desnutrición, llena de heridas y cicatrices y atada a una cama. La funcionaria, abrumada por lo que había presenciado, inició una batalla judicial para denunciar el caso, pero en todos los juzgados de Nueva York le respondieron que las leyes preveían que los hijos eran propiedad de sus padres y que, por tanto, lo que ocurra con ellos y el trato que reciban, únicamente era incumbencia de los padres y de nadie más.  Etta Angel no desfalleció y, ante esta monstruosidad, apeló a su ingenio hallando un camino digno de admiración por vía de la comparación de las leyes.  Dado que nadie le podía negar que Mary Ellen era una persona, argumentó que las personas pertenecemos al reino animal y que, si bien en Nueva York no existían leyes que protegieran a los niños, sí existían las que protegían a los animales de los tratos crueles. Por ello acudió a la asociación para la prevención de la crueldad hacia los animales y expuso su causa. Su historia impactó y convocó la solidaridad. Surtidos los trámites legales, un juzgado ordenó el arresto de sus padres atendiendo a los tratos crueles que habían propinado a su hija dado que, siendo que estaba penado el maltrato hacia los animales y la menor pertenecía al reino animal, dicha ley se había infringido gravemente y, por tanto, ellos eran merecedores de una condena.  En la sentencia se demostró que la niña nunca salió a la calle, que sufrió tratos crueles y degradantes, además de castigos extremos que pusieron en grave peligro su vida en innumerables ocasiones. La sentencia además ordenó la protección la Mary Ellen quien finalmente fue dada en adopción a la valiente trabajadora social Etta Angel. Mary Angel se casó a la edad de 24 años y bautizó a su primera hija con el nombre de Etta. Murió a la edad de 92 años.

La humanidad madura en torno a la niñez

Este caso, tristemente no el primero ni el último, sirvió para crear conciencia jurídica y social acerca del deber de promulgar leyes que protegieran especialmente a los niños, quienes son sujetos particularmente vulnerables en una sociedad.

A principios del siglo XX, comenzó a implementarse la protección de los niños y, desde Francia, este concepto se extendió más adelante por toda Europa con la creación de la Liga de las Naciones, que luego se convertiría en la ONU. Dicha organización aprobó en 1924 la Declaración de los Derechos del Niño, también llamada Declaración de Ginebra. Este es el primer tratado internacional que define derechos específicos para los niños, así como como las responsabilidades de los adultos hacia ellos.

Como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, que dejó entre sus víctimas a miles de niños en una situación desesperada, se creó en 1947 el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (conocido como UNICEF), que logró establecer

una serie de programas para que los niños tuvieran acceso a educación, buena salud, agua potable y alimentos.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, promulgada en diciembre de 1948, reconoce que “la maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales”, y en1959 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración de los Derechos del Niño, que describe los derechos de los niños en diez principios.

El 20 de noviembre de 1989, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño, documento que, en 54 artículos, establece los derechos económicos, sociales y culturales de los niños. Este es el tratado sobre derechos humanos que se ha aprobado más rápidamente y ratificado por el mayor número de países.

En junio de 1999 se adoptó la Convención sobre las peores formas de trabajo infantil y en el año 2000 se ratificó el Protocolo Facultativo de la Carta Internacional sobre los Derechos del Niño, que prohíbe que los menores participen en conflictos armados. 

Urge pasar de las palabras a los hechos

Actualmente, su ideal y carácter contundente son universalmente aceptados. Sin embargo, su funcionamiento y aplicación dista muchísimo de un ideal mínimo.  Todos debemos actuar, aún en contra de leyes injustas, tal como hizo la valiente trabajadora social Etta Angel.  

Se suele decir que el derecho es el conjunto de normas que regulan la conducta de los hombres, con el objeto de establecer un ordenamiento justo de convivencia humana. Pero la sola definición no sirve, es necesario transformar las palabras en acciones. En un mundo en el que un niño muere de hambre cada 5 segundos, es hora de unificar la teoría con la práctica. Necesitamos legisladores con conciencia y rectitud. Necesitamos jueces y operadores jurídicos honestos y sabios. Necesitamos abogados comprometidos en defender los derechos de los más vulnerables. Necesitamos ciudadanos formados que cuiden a sus niños. Tal vez es así como deberíamos de haber comenzado. Y esto empieza en casa.

Por Juan Carlos Cárdenas C. – Colombia

Abogado               

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