Cuando un niño se pierde

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Cuando un niño se pierde, termina en un lugar que no es su casa.
Sí, en navidad, Dios se perdió –no sólo como un niño sino siendo niño– en un lugar que no era “su casa”.
No se quedó en la cerrada beatitud de su cielo o en el espacio de nuestra devoción, sino que se perdió para los pequeños y los pobres; para los que están enfermos o de duelo; para los pecadores, para todos aquellos que nosotros consideramos lejos de Dios o que no tienen nada que ver con él.

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