Elecciones en Brasil y religión

0
45

Brasil, habrá tenido su segunda vuelta de elecciones cuando esta revista llegue a las manos de nuestros lectores, igualmente consideramos fundamental compartir el análisis de la reconocida teóloga brasileña Ma. Clara Luchetti Bingemer sobre el exótico vinculo política y religión que está atravesando muchos países de nuestro continente.

Pasó la primera vuelta de las elecciones, pero no la perplejidad. Esta, por el contrario, aumentó. ¿Por qué? Primero, a causa de la ola abrumadora que emergió de las urnas, transformando radicalmente la configuración política de Brasil en su casi totalidad. A continuación, por la percepción de un nuevo elemento que surgió como protagonista en los resultados de esas elecciones: la religión.

Los resultados de esa primera vuelta trajeron sorpresa tras sorpresa. Varios candidatos que las encuestas daban como favoritos en diferentes estados no sólo no ganaron ni siquiera derecho a una segunda vuelta, como quedaron en último lugar en la votación. Partidos hasta entonces líderes en el escenario político brasileño achicaron su presencia en los gobiernos estatales, en la Cámara de Diputados y en el Senado. Otros hasta entonces pequeños y con poca representación crecieron exponencialmente. Y la carrera presidencial, aunque confirmando las previsiones de las encuestas, las superó considerablemente.

Mientras intentamos recuperarnos de las sorpresas, otro dato nuevo nos atropella: el protagonismo que la religión pasó a tener en las campañas de tantos candidatos, especialmente en buena parte de los victoriosos. El discurso sobre Dios, la comprensión de la propia candidatura como vocación dada por Dios, la Biblia utilizada como epígrafe de entrevistas transmitidas por los medios se hacen cada vez más presentes en la propaganda electoral y en los debates entre los candidatos.

No se trata, sin embargo, del discurso cristiano que nos acostumbra a escuchar, característico de las Iglesias históricas, católica o protestante. El énfasis es en la afirmación de la supremacía gloriosa de Dios sobre todo y todos y la conexión de esto con el patriotismo exacerbado: la patria sobre todo. Los versículos bíblicos -a veces no citados correctamente- son aislados de su contexto. Y apoyan las afirmaciones del candidato y no lo contrario.

Si Dios está por encima de todos, no parece estar por encima de aquellos que lo citan manipulándolo a un lado y otro, en peligrosa cercanía con el segundo mandamiento que manda “no tomar su Santo nombre en vano”. Sirven tales citas como respaldo y legitimación a lo que los candidatos en cuestión quieren proponer al público como ideas a asimilar y proyectos a los que adherirse. Es la Biblia al servicio del discurso electoral y no al revés. Es la Palabra de Dios utilizada como apoyo para afirmaciones y declaraciones que están distantes de lo que las Escrituras presentan como el permanente diálogo de amor y vida en plenitud del Dios de la Alianza y de la Promesa con su pueblo.

En esas declaraciones se encuentran incitaciones a la violencia y promesas de armar a la población y militarizar las escuelas. Se oyen afirmaciones discriminatorias en relación a varios segmentos de la población: merecen destaque los negros, las mujeres y los LGBT. Se habla con desprecio de los derechos humanos y de las conquistas duramente alcanzadas por la humanidad y concretamente por los brasileños a lo largo de décadas. Los derechos laborales, políticos y sociales se definen como males a extirpar.

Se percibe, por lo tanto, una explicación de la fe cristiana descolgada de los valores que los candidatos en cuestión pretenden defender: la familia, la moral, la seguridad. Mientras en el Evangelio de Jesucristo lo que se lee es la apología de la acogida al otro, del perdón, de la no violencia, de la inclusión de todos, los discursos políticos de esas elecciones en nuestro país vienen cargados de agresividad, yo diría incluso de morbosidad.

La conexión constitutiva del cristianismo entre la fe y el compromiso transformador con la justicia pasa lejos de las elecciones brasileñas. Lo que se ve es la alabanza como fin en sí mismo, la afirmación de la fe en Dios apoyando y legitimando propuestas excluyentes, agresivas y discriminatorias. Y, peor que todo, la banalización de la violencia y de la muerte como precio necesario a pagar para traer seguridad a un pueblo cansado de ver la propia vida y de su familia permanentemente en riesgo.

Esta combinación explosiva de patriotismo ultra conservador y religiosidad fundamentalista desafortunadamente no es nueva. Ya fue vista en otras situaciones y más o menos recientemente en Europa de finales de los años 30, inicio de los 40. Y sucedió fue los países cristianos. Allí también Dios fue convocado para justificar un nuevo régimen que parecía empoderar a países en crisis. Los resultados son bien conocidos. La humanidad ha sufrido el mayor genocidio de todos los tiempos, por el que hasta hoy paga las consecuencias.

Nadie creía que líderes que se decían temerosos de Dios pudieran realizar sus enloquecidas propuestas. Tuvimos que pagar para ver. Y vieron cuando ya era tarde. En las vísperas de la segunda vuelta, acompañamos con angustia el rumbo que toma nuestro país. Que nos ayude a la esperanza, virtud indispensable que la fe en el verdadero Dios nos ayuda a no perder.

Maria Clara Lucchetti Bingeme
Teóloga, profesora del Departamento de Teología de Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.