NICARAGUA: Un Pueblo y una Iglesia de pie

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Desde hace poco más de tres meses Nicaragua, un pequeño país situado en medio del Istmo Centroamericano ha vuelto a ocupar las portadas de diversos medios de comunicación  del mundo. El país, que hasta el momento aparentaba una relativa estabilidad económica y social, ha experimentado la mayor explosión popular de su historia reciente. En medio de este fenómeno socio político, la Iglesia, con el episcopado a su cabeza, ha desempeñado un papel fundamental en medio de esta crisis que busca nuevos caminos en Nicaragua.

La rebelión popular en Nicaragua y el diálogo nacional

El 18 de abril del corriente unas protestas estudiantiles, a propósito de una reforma al sistema de pensiones, fueron reprimidas por la policía y grupos afines al gobierno haciendo uso de la fuerza desmedida y desproporcionada. Tal acción desencadenó una serie de protestas que catalizaron el enorme descontento popular que se había mantenido latente a lo largo de estos casi once años de Daniel Ortega en el poder.

La verdad es que la situación en Nicaragua ya era compleja en materia de derechos fundamentales como la libertad de expresión y la libertad de pensamiento crítico. El gobierno había apostado que su alianza con el gran capital, que había mantenido al país en una relativa bonanza económica y una estabilidad social aparente, era suficiente para perpetuarse en el poder  a costa de desmontar las instituciones estatales y dominar todos los espacios de la vida social y política. Se pensaba que si el tema económico y social estaba resuelto, el pueblo toleraría los abusos en el poder.

De esta manera el país lleva más de tres meses en estado de rebelión cívica. Las protestas han sido criminalizadas porque el gobierno no admite su responsabilidad en los hechos violentos, muertes, desapariciones y detenciones ilegales que se han producido en estas últimas semanas.

Las protestas han sido duramente reprimidas por la policía y ahora por grupos parapoliciales y paramilitares presuntamente organizados por el gobierno y que actúan con total impunidad sembrando el terror y el caos.

Desde el pasado 16 de mayo se ha instaurado un diálogo nacional, convocado por el gobierno, que pretende encontrar una salida a la crisis. Los mediadores y testigos del mismo son los obispos de la Conferencia Episcopal y están presentes en el diálogo diversos sectores de la sociedad, tales como; estudiantes, campesinos y empresarios, productores, organizaciones de derechos de la mujer y personalidades destacadas de la vida intelectual.

La propuesta de los diversos sectores representados en el diálogo nacional agrupados en la “Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia” pasa por un proceso de democratización de las  instituciones del estado que supone un adelanto de elecciones propuesto para marzo de 2019. Esta propuesta fue presentada al señor presidente de la República por los obispos de la Conferencia Episcopal. El presidente la catalogó como un golpe de estado y no la aceptó bajo ningún término tildando de “golpistas” a todos aquellos que se manifiesten a favor de un cambio estructural en Nicaragua, incluidos los obispos. Esto lo hizo en un discurso público el pasado 19 de julio con motivo del 39 Aniversario de la Revolución Popular Sandinista.

A la par de estos acontecimientos el país vive un notable deterioro en materia de derechos humanos que ha sido atestiguado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en su informe presentado el 22 de junio del corriente. Junto al informe de la CIDH, diversas organizaciones nicaragüenses de derechos humanos hablan ya de más de trescientos muertos, muchos heridos, detenciones ilegales y otros abusos por parte del gobierno y los grupos parapoliciales.

El episcopado nicaragüense y su rol profético en este momento de la historia patria

El episcopado nicaragüense a lo largo de los casi once años del gobierno de Daniel Ortega ha mantenido una posición crítica y a la vez prudente. En el año 2014 los obispos entregaron al presidente una carta en la que le advertían de los peligros para el país de seguir con su política de socavar las instituciones democráticas. En aquella ocasión el gobierno no escuchó este clamor e hizo caso omiso del llamado de los obispos. Pero ha sido a raíz de la actual coyuntura que el papel de los obispos se ha visto totalmente redimensionado. Su papel como mediadores y testigos en el diálogo nacional ha sido especialmente destacado. Ha sido un maravilloso ejemplo de profecía. A continuación se destacan algunas características del actuar profético del episcopado nicaragüense:

Se han mostrado como un cuerpo cohesionado, sin rasgos de figureo personal. Creo que este ejercicio colegial es expresión de la acción del Espíritu que nos pide acciones más  comunitarias, más comunionales.

En este momento el episcopado nicaragüense goza de una autoridad moral sin discusión, reconocida por todos los sectores. Tal autoridad ha hecho posible que los obispos y sacerdotes jueguen un papel determinante en la liberación de algunos detenidos con motivo de las protestas y en la mediación en zonas de conflicto evitando más derramamiento de sangre.

Los obispos nicaragüenses, a lo largo de la crisis, han llamado, desde diversos espacios con nombre y apellidos a los responsables de los atropellos en contra de la población desarmada para que cese la represión y se busquen caminos de diálogo y entendimiento.

Apuesta por el diálogo como principal medio para salir de la crisis

 A pesar de la actitud de distancia por parte del gobierno hacia los obispos y de las agresiones sufridas por algunos obispos y sacerdotes, así como de ataques y profanaciones a templos católicos en distintas partes del país por parte de grupos afines al gobierno, los obispos han manifestado su voluntad de seguir como mediadores y testigos en el diálogo nacional. Ellos han sido claros en manifestar su cercanía con las víctimas de la violencia gubernamental y su deseo de encontrar caminos de reconciliación, paz y justicia para Nicaragua. Esto les ha valido un creciente respeto y apoyo de todos los sectores y credos de la sociedad nicaragüense y de los organismos de derechos humanos y la comunidad internacional. Definitivamente que en Nicaragua los obispos han sabido ser pastores cercanos a su pueblo en sintonía con la verdad del evangelio de la vida. Vivimos tiempos duros, oscuros y difíciles, pero de igual manera son tiempos plenos de esperanza porque sabemos que la oscuridad de la noche pronto será disipada por la luz del “sol que nace de lo alto”.

Por Moisés Daniel Pérez Díaz – Nicaragua
Presbítero del Clero de León
Prof. del Seminario Nacional

 

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