¿Dónde encontramos las raíces del ser familia?

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FOTO: CLAUDIA SOTO DUQUE

Con el Papa Francisco en el clima del reciente Encuentro Mundial de Familias en Irlanda

 Hoy, la sociedad nos ofrece una enorme posibilidad, nos llama a la búsqueda de las “raíces” en todas las realidades y valores que vivimos. Se trata de comprender la esencia de las realidades para vivirlas en conciencia y plenitud. Por este motivo presentamos la primera parte de una entrevista en profundidad al teólogo y experto en sociología argentino Enrique Cambón, el cual hablará del Amor de la familia a la luz del Amor de la Trinidad.

¿En qué sentido la vida de familia tiene que ver con el Dios Uno y Trino?

Tiene tanto que ver, que cuando Juan Pablo II fue a inaugurar la 3ª. Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, llegó a decir: “nuestro Dios en su misterio más íntimo no es una soledad, sino una familia”. Y la explicación la dio él mismo agregando: “puesto que la esencia de la familia es el amor”.

¿Quiere decir que el amor es la esencia misma de Dios?

Desde la visión cristiana sí, ése es su “apellido”, aquello que lo identifica: “Dios es Amor” (1 Jn 4, 8). De hecho la fe para el cristiano significa en sustancia “creer en el Amor de Dios” (cfr. 1 Jn 4, 16).

¿El amor que existe en Dios puede iluminar el amor familiar?

Las características que existen en Dios y con las cuales se relaciona con la humanidad, son imprescindibles en una familia. De hecho cuando creemos que Dios es Amor, estamos afirmando entre otras cosas que en él hay un total compartir, plena solidaridad, diálogo permanente. Si se analizan ese tipo de características, resultan decisivas para una vida familiar plena y feliz. La cual no puede darse sin acogida recíproca, sin la paciencia que sabe respetar y esperar los ritmos de maduración de cada uno, sin una apertura permanente al diálogo, a la misericordia, a la sorpresa siempre renovada que puede ofrecer el verse cada día “con ojos nuevos”. Como hace Dios con nosotros.

Pero lo “trinitario”, ¿qué agrega de especial al amor?

Habría que mostrar cuánto hay de “trinitario” ya en el recíproco acogerse, en el escucharse realmente (cosa que sucede más raramente de lo que se cree), en el “saber vaciarse” para que el otro se exprese plenamente, en el amar al otro como a sí mismo, etc. Pero hay ciertos aspectos de la dinámica del amor que lo hacen especialmente trinitario. El amor humano refleja y participa del Amor de la Trinidad cuando, al mismo tiempo que une, promueve la identidad y personalidad propia de cada uno. Cuando cada cual vive gracias al otro y para que el otro se realice lo más plenamente posible. Cuando cada cual (y esto vale no sólo para las personas individuales, sino también para los sectores sociales, las relaciones entre las culturas, etc.) puede llegar a decir: “yo soy yo en ti, y tú eres tú en mí”. Dicho de otro modo “yo vivo porque tú eres y para que tú seas”: palabras que se dicen fácilmente, pero que abren horizontes infinitos para la vida. Y se podría continuar y continuar, sobre todo ejemplificándolo con experiencias concretas en todos los aspectos de la existencia humana.

Este género de presentación acerca mucho el Dios Uno y Trino a nuestra vida, no aparece como algo totalmente misterioso, lejano…

Debe necesariamente ser así. Desde el momento que, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica y en lo cual coinciden todos los cristianos, la Trinidad “es el misterio central de la fe y de la vida cristiana” (n. 234), tiene que poder ser comprendido (y vivido) por todos, intelectuales, personas comunes, ancianos, niños… De hecho, los obispos latinoamericanos, en la Conferencia General en Puebla que hemos mencionado, fueron pioneros en el afirmar que la comunión trinitaria “ha de manifestarse en toda la vida, aún en su dimensión económica, social y política” (n. 215)[1].

Hoy una tal afirmación, ¿resulta comúnmente aceptada?

Prácticamente diría que actualmente no se publica un documento de Doctrina Social de la Iglesia o de diálogo ecuménico, un libro de teología, un catecismo, donde no se haga referencia a esta realidad. Sólo que en general se limitan a afirmaciones de principio: la Trinidad es el modelo de toda comunidad, de la familia, de la sociedad… Pero luego generalmente no se explica en qué consiste, “cómo se hace” para vivir un amor recíproco que se explicite trinitariamente.

El documento del Papa Francisco Amoris laetitia, sobre el amor en la familia, ¿contiene estas realidades?

Totalmente. Diría en un modo espectacular. Con un lenguaje “nuevo”, como ha sido señalado por varios comentadores, que incluye lo más actual de la doctrina anterior sobre matrimonio y familia, pero enfrentando con coraje los nuevos desafíos de nuestro tiempo en este campo, y con un lenguaje claro, lleno de humanidad y de la sabiduría que viene del Evangelio vivido.

Si tuviera que dar un consejo de por dónde comenzar, ¿qué aconsejaría?

Yo empezaría por el cap. 4, “El amor en el matrimonio”. El capítulo comienza con un comentario, frase por frase, al “himno de la caridad” de san Pablo (1 Cor. 13, 4-7), el cual para mí es una de las páginas más altas y sublimes de la literatura universal. Y luego sigue con otros temas donde se encuentra ese lenguaje en cierto sentido “nuevo” en documentos pontificios al cual me refería, con títulos como “amor apasionado”, “Dios ama el gozo de sus hijos”, “dimensión erótica del amor”, “violencia y manipulación”, etc.

Y respecto al tema central de nuestra entrevista: ¿Amoris laetitia ofrece una comprensión del amor de enamoramiento a la luz de la Trinidad?

El documento reboza de ello, poniendo – como no podría ser de otra forma – en la Trinidad, el fundamento, la raíz, el “modelo”, de lo mejor del amor humano. Espero poder mostrarlo ampliamente en un futuro artículo. Aquí concluyo citando solamente uno de los textos donde hace clara referencia a esta realidad (si se lo lee más de una vez, se capta cuánta profundidad y riqueza contiene):

«Nuestra enseñanza sobre el matrimonio y la familia no puede dejar de inspirarse y de transfigurarse a la luz de este anuncio de amor y de ternura, para no convertirse en una mera defensa de una doctrina fría y sin vida. Porque tampoco el misterio de la familia cristiana puede entenderse plenamente si no es a la luz del infinito amor del Padre, que se manifestó en Cristo, que se entregó hasta el fin y vive entre nosotros. Por eso, quiero contemplar a Cristo vivo presente en tantas historias de amor, e invocar el fuego del Espíritu sobre todas las familias del mundo.» (n. 59)

  1. Enrique Cambón
    Teólogo y sociólogo – Argentina

[1] Cambón, E., “Trinidad ¿modelo social?”, Ed. Ciudad Nueva, Buenos Aires 2018.

 

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