México: un país más grande que las urnas

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FOTO: HECTOR VIVAS

Una jornada electoral histórica, marcada por el hartazgo social frente a la corrupción, la violencia y la pobreza, ha colocado en la silla presidencial al opositor Andrés Manuel López Obrador. En el mar de críticas e incertidumbres, el nuevo gobierno ha prometido una transición ordenada y respetuosa de las instituciones.

Los augurios se cumplieron

El tres veces candidato presidencial esta vez logró un apoyo arrasador en las urnas. Casi 30 millones de votos fueron un margen suficiente para no dejar lugar a dudas.

El primero a reconocerlo, fue el oficialista José Antonio Meade, que apenas pasados cinco minutos del cierre de casillas, se apresuró a tocar el réquiem de un régimen herido de muerte. Ejecutante de una obra desoladora, el candidato se apuraba así a asumir la caída del gobierno vigente y a reconocer en su contrincante Andrés Manuel López Obrador, el destinatario del nuevo mandato expresado en las urnas. Vino luego el reconocimiento de Ricardo Anaya, el candidato de la coalición Por México al frente y, hacia el filo de la media noche, el reconocimiento expreso del presidente Enrique Peña Nieto.

Saltó, por entre los mensajes y los discursos de felicitación, una inquietante suavidad a la que la cultura política mexicana no estaba acostumbrada. Esta vez no hubo inconformidades, ni aspavientos. Todo sea por la estabilidad del peso mexicano -dijeron algunos.

Los mensajes de reconocimiento vinieron también del empresariado, de los dirigentes religiosos y el resto de actores políticos. Vino también el reconocimiento internacional de jefes de estado y la ya esperada llamada del presidente estadunidense Donald Trump, a quien López Obrador le propuso “explorar un acuerdo integral, de proyectos de desarrollo que generen empleos en México, y con ello, reducir la migración y mejorar la seguridad”.

Los resultados electorales

En un ejercicio electoral con pocas incidencias, el Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) logró asegurarse mayoría en el congreso federal, se trata de un “carro completo” no visto en el panorama mexicano desde hace 24 años.

A nivel local, MORENA se hizo con cinco de las nueve gubernaturas en contienda y mayorías en 12 de los 27 congresos locales. Ganó municipios antes priistas y de gran peso electoral como Ecatepec –el municipio más poblado del país.- Ganó también la jefatura de gobierno de la Ciudad de México y 11 de las 16 alcaldías disponibles en la capital del país.

Del cambio fallido a la transformación comprometida       

López Obrador, de 64 años de edad fue elegido como el 65° presidente. El primero de profesión politólogo, será también el presidente con el mayor número de votos obtenidos en la historia del país: casi el doble de votos obtenidos por Vicente Fox en aquel año 2000, cuando le puso fin a 71 años de gobierno ininterrumpido del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Las distancias entre aquel episodio y el actual son notables. Aquella experiencia de alternancia conquistada –y después inacabada- dejó una huella en el pueblo mexicano lo suficientemente honda para recibir las promesas del nuevo gobierno con mayor cautela.

Eso lo sabe bien Andrés Manuel López Obrador. Cual ágil capitalizador de las filias y las fobias sociales, el tabasqueño ha prometido no solo un “cambio”, sino la cuarta transformación de México, una renovación pacífica que cruce rutas políticas, culturales, económicas y sociales, alcanzando las dimensiones históricas del México de la Independencia, del México de la Guerra de Reforma y del México de la Revolución.    

Estos comicios han reconfigurado no sólo el mapa político del país, sino que pronostican reacomodos de profundidad de las élites y los grupos de poder. El cambio en la polaridad mexicana avizora que desde este domingo las agujas ya no marcarán con preponderancia al norte-derecha, sino al sur-izquierda.

Del fondo a la forma, López Obrador ha prometido un gobierno austero, que suprimirá privilegios y reducirá salarios de sus funcionarios. Ha prometido rechazar para sí y para sus colaboradores, la parafernalia que por décadas ha configurado la vida de la clase política mexicana. Alejado de la cómoda vida que ofrece a sus inquilinos la Residencia Oficial de los Pinos, Obrador ha prometido vivir en su propia casa y despachar desde el Palacio Nacional; sin avión presidencial y sin un estado mayor que le asista en su protección personal.

En su primer discurso como virtual presidente electo, se presentó templado y conciliador. Hizo un llamado a “poner por encima el interés superior” y garantizó un gobierno de orejas dispuestas que ofrezca escucha, respeto y atención a todos, pero con preferencia “a los más humildes y olvidados, en especial a los pueblos indígenas”. En los márgenes económicos, López Obrador garantizó el respeto a la autonomía del Banco de México y ofreció “una disciplina fiscal y financiera” que garantice estabilidad y el fortalecimiento.

Mensaje de novedad fue también la presentación del gabinete que le acompañará a lo largo de su mandato; un gesto nunca visto que busca ofrecer certezas y confianza a todos los sectores sociales, especialmente a los agentes económicos. Son ocho mujeres e igual número de hombres destacados de la academia, el mundo empresarial y la sociedad civil.

Transición sin sobresaltos

Durante su celebración pública, en la medianoche de este domingo, frente a miles de personas congregadas en la Plaza de la Constitución, Obrador aseguró que “triunfó la revolución de las conciencias” y dijo ser muy consciente de su responsabilidad histórica: “no quiero pasar a la historia como un mal presidente”. Habló también de los meses venideros, en preparación de la llegada del gobierno que habrá de asumir el próximo 1 de diciembre. Serán días para afinar lo que se llevará a la práctica, días para “no perder el tiempo” -ha dicho en su mensaje.

Para este martes se tiene prevista una reunión entre Obrador y el presidente Peña Nieto en Palacio Nacional. La reunión será una postal nítida de la coyuntura: el saludo entre el candidato más votado y el presidente peor evaluado en la historia del país.

Al asomo del país que los mexicanos esperan

Luego de la dura batalla que se libró en la arena pública, no quedan solamente los resultados electorales puros y fríos; quedan también los rastros de la acometida: amplios grupos sociales polarizados, arcas públicas desgastadas e ideas de país contradichas. Lo que queda en los próximos meses es un arduo trabajo de concertación política, de reconciliación y de inclusión.

El nuevo gobierno, deberá ahora asumir un papel a la altura del desafío. López Obrador y los otros 3 mil funcionarios elegidos, están obligados, por la fuerza de las circunstancias, a ofrecer permanentemente la puja más alta, en su comportamiento ético, en su destreza profesional, en su apertura al diálogo y en su disposición de servicio a los demás.

Ante los temores de entrar en una fase de vuelta al pasado, con indicios dictatoriales y populistas, la sociedad mexicana tiene el colosal reto de fortalecer el papel de su sociedad civil, así como cultivar la participación puntual de la ciudadanía en los mecanismos de control, de vigilancia y de consulta de los asuntos y los recursos públicos. Los mexicanos de hoy que han hecho historia en los comicios, saben que su país es más grande que las urnas; ahí donde cupieron los votos, tendrán que caber también los compromisos.

Por Christopher Jiménez

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