Religiosidad popular en la América de los Andes

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FOTO: ASD

Para comprender y comprendernos

La América de los Andes es un continente variopinto, rico en cultura, tradiciones, expresiones de fe, una más rica que otra, conocida como Religiosidad Popular.

Y ¿qué es esta Religiosidad Popular? A caso fe, paganismo, o simplemente “cosas del pueblo”.

La Religiosidad Popular viene de dos palabras:

La “Religiosidad” que es la práctica y esmero en cumplir las obligaciones religiosas. Y la religión, como virtud, que mueve a dar a Dios el culto debido.

Y “Popular” es lo relativo al pueblo; es decir, lo que viene de la gente común.

La Religiosidad Popular es la búsqueda de Dios y de la fe cristiana en cada pueblo de acuerdo con su idiosincrasia y su historia

“El Cardenal Pironio nos dice que es “la manera en que el cristianismo se encarna en las diversas culturas y estados étnicos, y es vivido y se manifiesta en el pueblo”. Y el pueblo necesita expresar su fe, de forma intuitiva y simbólica, imaginativa y mística, festiva y comunitaria, como es su Cosmovisión.

Los destinatarios de la Religiosidad Popular de nuestros pueblos son Jesús, la Virgen y los Santos, y es allí donde entra a tallar el sincretismo religioso de los mismos. El pensamiento religioso andino, no excluye y no logra comprender la “exclusividad de Dios”, es por ello que durante la conquista varias divinidades indígenas fueron identificadas con la Virgen, Santos y con símbolos cristianos. Las identificaciones se reflejaron inmediatamente en las imágenes y en la tradición oral, que presentan numerosos ejemplos de la fusión de ambas.

Pablo VI refiriéndose a la Religiosidad Popular escribe: “…Expresión particular de búsqueda de Dios y de la fe” y que “refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer”. (PABLO VI, Ex. Ap. Evangelii nuntiandi – 1975)

Y el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice: “El sentido religioso del pueblo cristiano ha encontrado…su expresión en formas variadas de piedad : tales como la veneración de las reliquias, las visitas a santuarios, las peregrinaciones, las procesiones, el viacrucis, las danzas religiosas, el rosario, las medallas, etc.”. Situaciones de las que somos mudos testigos en nuestros pueblos de América, si se piensa al Santuario de la Virgen de Copacabana en Bolivia, Nuestra Señora de Loja en Ecuador, el Señor Cautivo de Ayabaca en el Perú; las danzas como la Diablada en Bolivia donde se ve la lucha del bien contra el mal y las procesiones propias de Semana Santa en Ayacucho – Perú, mezcla de tradición, dolor y júbilo.

De otro lado la Religiosidad Popular tiene una dimensión personal y otra comunitaria. Abarca el modo personal del ser humano de relacionarse con Dios, la Virgen y los santos. Pero tiene también otra dimensión comunitaria, donde nuestros pueblos se sienten actores y protagonistas de las celebraciones en honor de tal o de cual. Son pueblos con un gran sentido de la fiesta y de lo festivo. Las fiestas patronales son momentos de rica vivencia y expresión de la fe. La música, el baile, la comida son elementos indispensables de nuestras fiestas en un sentido religioso. Para promover esta gran variedad de actividades existen en nuestros pueblos   cofradías, hermandades, alferados y asociaciones, quienes se encargan de la organización y sostenimiento de la fiesta patronal del lugar

Es característico en la América de los Andes, encontrar en las pequeñas Iglesias de la montaña o del campo personas que ofrecen sus rezos, sus cantos melancólicos en quechua o aymara, lenguas originarias de nuestros pueblos o quizás la ofrenda de unas flores, el encendido de una vela, la realización de una promesa, o el esfuerzo de peregrinar hasta el lugar

Comenzábamos al inicio con una pregunta: ¿qué es esta Religiosidad Popular? A caso fe, paganismo, o simplemente “cosas del pueblo”. En la Exhortación Evangelii gaudium el Papa Francisco ofrece un criterio muy valioso para entender esta realidad: “hace falta acercarse a ella (Religiosidad Popular) con la mirada del Buen Pastor, que no busca juzgar sino amar”. Nuestra actitud ante esta no puede ser la de quien mira desde la distancia y juzga con dureza una realidad que le es ajena “sólo desde la connaturalidad que da el amor podemos apreciar la vida teologal presente en la piedad de los pueblos cristianos, especialmente en sus pobres”. Sólo una mirada penetrada de amor, conoce la riqueza de la Religiosidad Popular

La Religiosidad Popular es una verdadera experiencia de fe. Es un error considerarla sólo como tradición, costumbre e incluso paganismo. Para valorarla adecuadamente hay que percibir detrás de los ritos, los símbolos y la estética que utilizan, una experiencia de fe. La Piedad Popular muestra lo sagrado y lo trascendente. Manifiesta una auténtica sed de Dios y de manera especial la Paternidad, la providencia, la presencia amorosa y la Misericordia de Dios. Así como la Maternidad y Amor de María y la Acción milagrosa de los Santos.

La Piedad Popular penetra delicadamente en la existencia de cada ser, como nos dice el documento de Aparecida: “En distintos momentos de la lucha cotidiana, muchos recurren a algún pequeño signo del amor de Dios: un crucifijo, un rosario, una vela que se enciende para acompañar a un hijo en su enfermedad, un Padrenuestro musitado entre lágrimas, una mirada entrañable a una imagen querida de la Virgen María, una sonrisa dirigida al Cielo, en medio de una sencilla alegría”

La Religiosidad Popular es una ocasión de socialización (encuentro, convivencia, unidad, participación, conciencia de pertenencia…) y de expresión de la dimensión festiva de la fe.

La fe es una experiencia gozosa de COMUNIÓN con Jesucristo resucitado que se vive en el seno del Pueblo de Dios. Todo aquello que exprese la dimensión de COMUNION y festiva del hombre es una ayuda al anuncio y vivencia de la fe cristiana.

La Religiosidad Popular sabe conectar con las personas cuando viven experiencias fuertes de dolor, duda, gozo, fracaso, debilidad o gratitud. Estos momentos singulares cuestionan muchas cosas de la propia vida y pueden abrir a la pregunta por el sentido y la búsqueda de la trascendencia.

La fuerza evangelizadora de esta religiosidad reside también en el hecho de que conecta con las experiencias primordiales de la vida (engendrar y dar a luz, casarse, etapas en el crecimiento de la prole, sufrir, morir).

La Religiosidad Popular recuerda de modo claro que el ser humano es naturalmente religioso, que tiene sed de Dios y necesita creer, aspira a comunicarse con lo trascendente.

Hay una gran riqueza expresiva en la Piedad Popular, que bien puede contribuir a la evangelización. La Religiosidad Popular recurre a la narración, al canto, a la imagen religiosa y a la procesión para transmitir la fe, haciendo catequesis y, a la vez, celebrando la fe.

Tienen gran importancia los elementos simbólicos y estéticos, que ayudan a la transmisión de la fe. Fomenta también valores evangélicos como el perdón, la generosidad, el sacrificio, el respeto a Dios, el silencio, el servicio, la colaboración, la amistad o el compartir.

Todas ellas generan sentimientos de pertenencia, de identidad y de cohesión. Las prácticas de Religiosidad Popular nos hacen conectar con lo que hemos recibido de los mayores, con la tradición, como medio en el que podemos desarrollarnos y crecer como seres humanos.

La Religiosidad Popular es una manera de expresar la identidad de un pueblo, que se halla vinculada a la fe cristiana. Las prácticas de esta religiosidad pueden ayudar a que nuestros pueblos recobren sus raíces religiosas. Las diversas manifestaciones de la Piedad Popular sirven para expresar el “alma” de un pueblo.

La Piedad Popular es fe inculturada. Uno de los mayores valores de la Religiosidad Popular reside en que es una expresión de la fe en la propia cultura, con el lenguaje, los símbolos y los gestos del entorno cultural. Como subrayó San Juan Pablo II “una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no enteramente pensada y fielmente vivida”.

Por Carla Sanjines Benavente
Arequipa-Perú

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