¿Colombia habla o dialoga?

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FOTO: ASD

Colombia es un Estado social de derecho, que desde la Constitución Política de 1991, tiene el reto de construir una sociedad incluyente en la que se reconozca la diversidad y la diferencia de sus ciudadanos.
El país de la Constitución de 1886, se apoyaba en un Estado centralizado, en el que solo se podían elegir Presidente y Congreso, decidía desde Bogotá la política pública y la inversión social en las regiones.
La nueva Constitución descentralizó el Estado, sus habitantes ahora pueden elegir también a gobernadores, alcaldes, asambleas departamentales y concejos municipales. Las regiones ganaron autonomía en la administración de recursos públicos, y se promovieron instancias de participación ciudadana y defensa de los derechos ciudadanos. Este cambió tomó por sorpresa a los colombianos frente al reto de participar como sociedad civil en la construcción del país.
Provocar el diálogo social
En estos 27 años los colombianos recorrieron un camino nuevo, en el que tocó aprender en la marcha qué es ser ciudadano y cómo se construye sociedad civil. Hoy existen iniciativas que recogen las voces de diversos sectores sociales. Y este es un avance importante, porque las minorías, los excluidos y las víctimas cuentan con mecanismos constitucionales para la defensa de sus derechos ciudadanos. Sin embargo, en lo que queda por recorrer aún falta que esas voces aprendan a dialogar entre ellas.
El país nuevo sufre la costumbre heredada del anterior: querer construir la sociedad desde una sola mirada. Y todavía tiene dificultad para reconocer en la diversidad una oportunidad de cambio social favorable para todos los sectores.
La desconfianza impide proyectar el futuro
El sociólogo francés Daniel Pecault, en artículo publicado en el periódico El Espectador, afirmó que los colombianos tienen la convicción que el país está destinado al fracaso y que el principal impacto de esta idea sobre sus habitantes es la dificultad para proyectar una visión de futuro en la que el país puede ser mejor.
En un estudio realizado por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) sobre el clima de opinión ante las elecciones presidenciales de 2018, se identificó que en Colombia no existe un clima electoral. Encontró que 2 de cada 3 colombianos no sabían en qué fechas se realizaban, hecho que refleja la indiferencia electoral.
La corrupción como algo normal
El mismo estudio señala que todos los estratos socioeconómicos están de acuerdo en que las elecciones no cambian al país, que todo seguirá igual. El descredito político causado por los hechos corruptos afecta la credibilidad del proceso electoral. Así, las personas se enfocan en lo económico y reducen el alcance de la participación ciudadana.
Frente a la situación económica, las personas señalan a las élites como responsables de la corrupción, de actuar en su propio beneficio, y asumen estos actos como naturales dentro de la política.
Una consecuencia grave es que frente a la corrupción comprobada a algunos la sospecha recae a todos, lo que en la práctica esteriliza a la población en cuanto a la utilidad de la participación política en el país. Así, es la sociedad quien se corta las alas e impide que el nuevo país tome vuelo hacia el rumbo que sus ciudadanos requieren.
Voces diferentes: coincidencias y contradicciones
Las personas de todos los estratos socioeconómicos toman como un hecho cierto que no es posible cambiar el país que se tiene y adoptan estrategias de supervivencia. En ese escenario de deslegitimación política, pesimismo económico y de indiferencia electoral, el estudio del CELAG reconoce coincidencias y contradicciones.
Las personas en estratos 5 y 6, aceptan una mirada neoliberal, en la que el problema se basa en la constante intervención del Estado en los asuntos del mercado, los servicios públicos y la infraestructura. Mientras que la oportunidad de ascender socialmente radica en las capacidades personales.
Las personas en estratos 3 y 4, asumen al neoliberalismo como el ambiente económico natural del país, confiando la oportunidad de ascenso social a partir del esfuerzo y las capacidades individuales, y tienen una baja adopción de conceptos y acciones colectivas como una forma de promover el cambio social.
En el mismo estudio, las personas en estratos 1 y 2, dicen que su principal preocupación es económica y que requieren del apoyo del Estado para transformar las situaciones que viven. Confían más en su propia capacidad de organizarse y actuar que en el Estado.
El diálogo que nos merecemos
Esas tres voces anuncian su mirada de país y revelan expectativas diferentes sobre cómo debería ser la sociedad. Sin embargo, hace poco se está comprendiendo que tener la voz es un paso y que el siguiente es escucharse entre sí, dialogar sobre un país en el que quepan todos, para pasar de la Colombia que se tiene a la que los colombianos se merecen.

Por Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica

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