Las migraciones

0
146
Foto: AFP-PHOTO-_-GEORGE-CASTELLANOS

Derrumbar los prejuicioscon un corazón de puertas abiertas

La historia ha mostrado que el ser humano es por naturaleza un ser en movimiento, en busca de mejores condiciones de vida,[1]por tanto, el fenómeno de las migraciones no es nuevo en la historia de la humanidad, lo que sí es novedoso es que cada época reviste formas nuevas[2]. Este artículo lo escribe una religiosa scalabriniana cuyo carisma es entre otros aspectos[3]acompañar a la migración, a los migrantes.

La urgencia por la situación de nuestros países

En el caso de América Latina la globalización en general, ha traído serios males sociales, económicos, ecológicos, culturales. Esta realidad ha generado desigualdad social y pobreza, convirtiéndose en los principales desafíos para todos los países de América Latina.  La migración en América Latina asume la característica de una movilidad continua en búsqueda de subsistencia, en estos países ha sido y sigue siendo la bomba de escape ante la situación crítica y dolorosa que por décadas enfrentan los países. La mala administración de los bienes, las pocas oportunidades para el desarrollo integral de las personas y la violencia, han dejado a su paso eldrama de tener que emprender la huida, sacrificando la propia vida y las de sus familiares. Es evidente que el migrante se ve obligado a salir de su país de origen no por libre y espontánea voluntad  sino para salvar su vida y la de los suyos, esa actitud  interpela el orden político, económico y social, de los gobiernos y de los estados.

Ante el gran número de personas que se ven obligadas a abandonar sus hogares y sus familias, el papa Francisco en el mensaje de la jornada mundial del migrante y del refugiado para el 2018,anima a todos y nos compromete a una acción solidaria pues cada vez que acogemos, protegemos, promovemos e integramos a los migrantes y refugiados, lo hacemos al propio Jesús que asume la realidad de un migrante para enseñarnos la práctica de la caridad “era peregrino y me acogiste”(Mt 25,35). No podemos quedarnos siendo simples espectadores, o mirando hacia otro lado. Es una responsabilidad que tenemos todos los creyentes, y hombres y mujeres de buena voluntad, estamos  llamados a responder con generosidad, diligencia, sabiduría y amplitud –cada uno según sus posibilidades– a los numerosos desafíos planteados por las migraciones contemporáneas.

Nos sentimos preguntar: ¿Dónde está tu hermano?

El Papa Juan Pablo II ya lo decía y lo ha reiterado el papa Francisco, que indudablemente esta realidad migratoria es un «signo de los tiempos»  y que ha de resonar en nuestros oídos la pregunta bíblica ¿dónde está tu hermano?…Urge por lo tanto promover la cultura de la solidaridad y el encuentro. Casi siempre renunciamos al encuentro con el otro levantando barreras para defendernos por la desconfianza, pero la propuesta  del Evangelio es la de colocarnos en el lugar del otro y comprender sus pensamientos y sus experiencias.

La Iglesia motiva a responder de forma personal, comunitaria, práctica y espiritual a las necesidades de los solicitantes de asilo, de los migrantes, los refugiados, los desplazados, las víctimas de  trata de personas y de los menores no acompañados. Urge adoptar un enfoque integral e integrado, que sitúe a la persona humana en el centro, en todas sus dimensiones, con pleno respeto de su dignidad y sus derechos.

La migración nos pone a todos en marcha

Muchos migrantes logran cruzar la frontera territorial pero no la frontera política, quedándose en el país de destino en situación irregular, hay millones de migrantes clandestinos por todo el mundo. Viven en condiciones extremadamente vulnerables a tantas formas de explotación. Desempeñan casi siempre los servicios de segunda y tercera categoría, peligrosos y baratos. Otros logran cruzar la frontera territorial y política a la vez, pero no la frontera étnico-cultural. Acaban por formar “guetos” cerrados en medio de la población local, suscitando así todo tipo de prejuicios, discriminación y hostilidades de ambas partes, lamentablemente en todas partes crecen cada día los movimientos xenófobos o raciales. Es un hecho que los tres ámbitos de la frontera tienen retos y compromisos muy distintos entre ellos, pero siempre correlacionados. La frontera es una especie de no lugar donde circula mucha gente, a veces sin documentos, sin raíces, sin rumbo, sin familia y sin patria. Lugar donde la identidad y la seguridad se quedan profundamente cuestionados: donde la soledad y el abandono pueden volverse desesperación. Lugar de personas lesionadas y desfiguradas por los golpes de la migración y del desplazamiento, gente marcada en el cuerpo y en el alma por las heridas y las cicatrices de numerosos y repetidos caminos. Uno que pasa por la experiencia dolorosa de la frontera, se vuelve más abierto a los cambios ya sean de carácter personal y familiar, ya sean de carácter económico, político, social y cultural. Los migrantes al ponerse en marcha, ponen en marcha la historia. Ponen en marcha la misma Iglesia con sus modelos pastorales que deben y pueden acoger.

¿Cómo ha de ser el acompañamiento al migrante?

Si bien no hay respuestas pre-fabricadas o recetas, hay actitudes que sí se deben tener en cuenta y deben guiar los pasos hacía el hermano migrante.Ha de ser siempre un proceso que requiere acompañamiento, seguimiento, y tiempo. Promover al migrante es verle como persona que trae consigo la riqueza de la cultura que aporta a las dinámicas de la sociedad que los acoge. Es sentirlo compañero de camino, del viaje de la vida, es permitir que él sea también protagonista de la historia, de nuestra historia. Es un prójimo que golpea a la puerta de nuestra vida, es la presencia de un hermano sufriente, es el mismo Jesús que nos dice: “He aquí, estoy a la puerta y llamo”Ap3:20. Es necesario vencer los prejuicios que levantan muros entre los distintos pueblos, excusas justificadas para no abrir nuestra ciudad, nuestro barrio, nuestra casa, y en definitiva nuestro corazón.

Un papel muy importante tienen los medios de comunicación, que muchas veces respondiendo a intereses particulares recortan y diseñan las noticias, atemorizando y creando climas de desconfianza y terror, más que de apertura y acogida. Se tiene miedo, y el miedo ante lo desconocido bloquea. La migración nos llama, nos invita a vivir y habitar espacios abiertos, a recibir, acoger, hospedar, reconociendo en ese migrante, la presencia viva de Jesús en el prójimo sin casa, sin patria, sin posibilidades.

Hna. María Isabel Montenegro, mscs[4]

[1]Martínez, Rodrigo Antonio. Las Migraciones: Un signo de los tiempos. Madrid, Verbo Divino 1995,11.

[2]Ibíd,2.

[3]Las Hermanas MSCS trabajan en las escuelas, en los hospitales, en los orfanatos, en las cárceles, en los centros de acogida para niños necesitados, en las casas de reposo para ancianos, en las casas de formación, en las comunidades étnico-culturales, en las parroquias, en las diócesis, en las conferencias episcopales, en los organismos internacionales, en las organizaciones civiles, en los centros de promoción, en los centros de servicio y de acogida para los migrantes, en los centros de estudios y de documentación.

[4]La Congregación de las Hermanas Scalabrinianas (MSCS), es el servicio evangélico y misionero a los migrantes, especialmente a los más pobres y necesitados.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

WordPress spam Bloqueado por CleanTalk.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.