Venezuela: Un tiempo detenido.

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¿Qué pasa en Venezuela?. ¿Qué va a pasar?. ¿Por qué pasó todo esto?. Preguntas e interrogantes que millones de venezolanos nos formulamos todos los días. En América Latina y en el mundo también se preguntan por la situación venezolana y cómo fue posible, en menos de dos décadas, pasar de la condición de país rico y democracia estable a esta precariedad que hoy somos de un país arruinado y en bancarrota, empobrecido y confundido y con su democracia tan precaria que muchos han llegado a hablar de dictadura. Los datos son aterradores: la mitad de los 30 millones que somos, están en pobreza crítica. El sistema de salud colapsado, configurando desnutrición y hambre. Igualmente colapsado el sistema educativo y la inflación más alta del mundo, con la correspondiente carestía y escasez en todos los rubros de consumo, comprometidos los servicios básicos de agua, luz, comunicaciones, etc. Cuatro años de no crecimiento económico, con toda la infraestructura agrícola, agroindustrial e industrial cerradas. Nuestra principal industria PDVSA (Petróleos de Venezuela), que sigue aportando el 95% de las divisas prácticamente reducida en su capacidad operativa y cuya producción está a niveles de hace 40 años atrás, fuertemente endeudada, ha comprometido prácticamente todos sus activos y buena parte de su producción a futuro. Nuestras ciudades en deplorable abandono y caos siendo la basura y la inseguridad sus marcas dominantes. Las clases medias, llegaron a representar casi la mitad de nuestra población, hoy se encuentran en huida hacia una emigración masiva que ya ronda los 4 millones. Esta realidad, fácil de constatar para cualquier visitante, es negada, empezando por el propio Banco Central de Venezuela (BCV) que en los últimos años no ha publicado la información económica a la cual está obligado por ley.

Para muchos, dentro y fuera del territorio nacional estamos enrumbados a repetir el modelo cubano. Muchos venezolanos, si bien no ignoramos el riesgo, nos negamos a aceptarlo y entre otras razones porque en Venezuela sigue presente una sociedad democrática y unas estructuras políticas de oposición en pleno ejercicio de la denuncia y la resistencia cívica, tanto es así que en el año 2015 el país político opositor, unido, obtuvo una apabullante victoria legislativa con la cual se llegó a configurar una Asamblea Nacional mayoritariamente de oposición. Además, no estamos es 1959, la guerra fría es cosa del pasado, aunque la influencia cubana es dominante, hay intereses económicos importantes chinos y rusos e inclusive Irán y otros países del mundo además de los tradicionales intereses de Europa, EEUU y países de la región, particularmente Colombia, Brasil y el Caribe.

¿Cómo llegamos a esta situación de crisis total en todos los órdenes?. Mas que un destino trágico o fatalismo histórico existen causas objetivas y explicaciones racionales. Toda sociedad puede ser explicada desde ella misma y esta crisis tiene una cronología precisa y unos hechos definidos. Desde 1914 el petróleo pasa a ser el eje de toda nuestra economía y a partir de 1922 el petróleo se convierte en nuestro principal producto de exportación y hasta 1976 garantizó una economía próspera y en crecimiento. En seis décadas el país pasó del atraso del siglo XIX a una sociedad del siglo XX en acelerado proceso de modernización, además de un proyecto democrático que permitió desarrollar una institucionalidad civil y una cultura cosmopolita que de verdad hizo sentirnos sociedad en desarrollo indetenible, sustentado en un voluntarismo político y un optimismo histórico tanto individual como colectivo. En este esfuerzo de acelerada modernización además de la palanca petrolera y unas élites en general conscientes de sus responsabilidades y contamos con la masiva presencia de una emigración europea y latinoamericana que ayudó a configurar una nueva identidad antropológica y psico-social venezolana. Durante casi ocho décadas fuimos una sociedad exitosa y un país en ascenso.

De manera paradójica empezó a hablarse de crisis con el primer boom petrolero, en 1973, cuando la abundancia fiscal creó una euforia presupuestaria y de gasto que nos hizo perder la perspectiva de nuestras reales dimensiones y posibilidades y creó una super abundancia de dinero que, como sucede siempre, terminó en improvisación, despilfarro y corrupción. Se inventó el eslogan oficialista de la Gran Venezuela. Confundimos dinero y proyectos muchos de ellos ilusorios y desproporcionados con el verdadero desarrollo, y así fue como en 1983 (viernes negro) despertamos a la cruda realidad de un país de economía estancada, altamente endeudado, acostumbrado a gastar más de lo que podía lo que provocó la necesidad y el inicio de una devaluación de nuestra moneda y que después de 80 años de estabilidad monetaria, devaluación que no ha terminado y que en nuestros días ha alcanzado porcentajes de locura. La década del 80 fue denominada la década perdida, mientras los sectores dominantes y el bipartidismo que hegemonizaba el poder y el gobierno parecían ignorar o desestimar las amenazas plenamente visibles en esos años. Un libro emblemático fue un estudio multidisciplinario sobre la realidad social venezolana que llevaba por título: “Venezuela, una ilusión de armonía” (IESA), y a quienes se atrevían a hablar de crisis se les descalificaba y se les denominaba profetas del desastre. Lo que tenía que suceder, sucedió; en la década del 90 se empezó a vivir una crisis de gobernabilidad e inestabilidad política con un presidente destituido y dos intentos de golpes de estado fallidos en 1992 y que culminó con el error histórico de unas élites y masas desorientadas al elegir en 1998, con un 56% de apoyo, a un teniente coronel, Hugo Chávez Frías, con una indiscutible voluntad de poder y habilidades y cualidades de líder demagógico pero sin ningún tipo de experiencia gubernamental y mucho menos una visión de gobierno y estado. Presidente electo, en el mismo acto de juramentación desconoce la Constitución vigente de 1961, y propone una constituyente que terminó siendo un proyecto hegemónico de poder. Desde 1999 hasta el 2013, con su muerte, Chávez hegemoniza la política y el gobierno, a partir de una polarización inducida e irracional de la sociedad venezolana y desde el primer momento se vio claramente la presencia y la influencia del estamento militar en el nuevo gobierno, un populismo desbordado, que facilitó el segundo boom petrolero, que volvió a ahogar en abundancia fiscal al gobierno y una corrupción galopante correlativa. En el 2002 Chávez momentáneamente es sacado del poder por un golpe de estado fallido, ya que a los pocos días fue restituido en su cargo en un juego de lealtades y deslealtades cuyo protagonista fue siempre el sector castrense.

Los últimos cuatro años, muerto Chávez y electo Nicolás Maduro como presidente en una elección muy cuestionada y con un margen de ventaja de 1,5% aproximadamente y la caída de los precios del petróleo agudizaron y profundizaron la crisis provocando un desmejoramiento acelerado en todos los indicadores nacionales: inseguridad, hambre, carestía, inflación, emigración, etc. Con esta realidad a cuestas llegamos al 2018, un año económicamente desastroso, la corrupción desbordada y la suspensión de hecho de la Constitución con la creación ilegal de una constituyente y una represión y autoritarismo evidente. Con este panorama se plantea una elección presidencial de fecha incierta, con una población desmotivada, se calcula un 40% de abstención en cualquier escenario, y autoridades electorales oficialistas y que la oposición intenta cambiar de alguna manera para crear algún tipo de equilibro y participar en el proceso electoral con un mínimo de garantías y acompañamiento internacional.

En términos psicológicos, en Venezuela tiende a prevalecer en la población el temor y la incertidumbre, igualmente seguimos aferrados a la posibilidad de acuerdos racionales que eviten la violencia, permitan recuperar las vías democráticas y de convivencia y que después de 30 duros años de crisis el país vuelva a tener un nuevo horizonte de crecimiento, prosperidad y convivencia.

Nuestro optimismo y confianza con respecto a un encauzamiento satisfactorio de la crisis venezolana, en términos democráticos y pacíficos, responde al hecho cierto que en el siglo XX la sociedad venezolana vivió intensamente una experiencia democrática de encuentro y crecimiento compartido sobre un modelo político de participación progresiva de todos los sectores y de evidente inclusión social y que hoy se manifiesta en una sociedad activa en buscar cauces de convivencia y de reencuentro democrático de todo el país; creemos profundamente en la lucha no violenta para obtener logros políticos y sin lugar a dudas han sido muy inspiradores en este sentido los diversos movimientos en el mundo, cuya figuras inspiradoras han sido Gandhi, Martin Luther King, Mandela y la larga tradición de respeto, convivencia y participación enmarcados en los diversos documentos de la Doctrina Social de la Iglesia, y en este sentido el papa Francisco y la Conferencia Episcopal Venezolana han sido inspiradores con sus pronunciamientos y acompañamiento de las angustia y anhelos del pueblo venezolano, que no son otros que un país democrático en paz y prosperidad.

Angel Lombardi

www.angellombardi.com

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