Colombia: el largo camino a la reconciliación

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Los últimos años de la historia colombiana han orbitado alrededor de un tema de trascendental importancia para su futuro, se trata del fin del conflicto y la reconciliación. Este no ha sido un camino fácil pues implica para la sociedad la transformación de una dinámica económica, política, social y especialmente cultural que la ha acompañado por más de medio siglo.

La búsqueda de la paz ha sido un esfuerzo recurrente de los gobiernos de turno, algunos con más éxito que otros han explorado esta alternativa a la par que desarrollan su ofensiva militar con el fin de controlar grupos alzados en armas, que desde distintas posiciones del espectro ideológico han amenazado la paz y tranquilidad de los colombianos. Significativo fue entonces el dialogo iniciado en el año 2012 en su fase pública de negociaciones entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC, pues a diferencia de los intentos anteriores, luego de 4 años de conversaciones concluyó con un acuerdo inédito entre las partes y que condujo a la dejación de las armas por parte de las FARC, acción esta verificada por una misión humanitaria de la ONU, y su incorporación y reconocimiento como actor político en el país.

El éxito de este proceso de negociación no ha sido acogido de forma unánime en la sociedad colombiana. Voces críticas con la conducción de las negociaciones y las concesiones entregadas como parte del proceso encontraron eco en una porción significativa de la población y en medio de un momento de altísima polarización política y contra todos los pronósticos, venció por estrecho margen en el plebiscito con el cual se pretendía lograr la refrendación política de los acuerdos.

Pese a ello, el acuerdo con las FARC sigue vivo. Este grupo dejó las armas y ha comenzado un proceso de reincorporación a la vida civil. De otra parte, la implementación de lo acordado ha tenido que surtir un trámite mucho más extenso y tortuoso en el Senado sometido a las dinámicas propias de la política en las que promotores y opositores juegan como en un tablero de ajedrez aplicando sus estrategias con el fin de salir victoriosos. De hecho, componentes de gran importancia en el acuerdo como la reglamentación de la Justicia Especial para la Paz encargada de juzgar los crímenes cometidos en el marco del conflicto (que involucran actores tanto de las FARC como de otros sectores de la sociedad) se vieron seriamente amenazados.

De manera contemporánea a la implementación de los acuerdos con las FARC, el gobierno ha iniciado una vez más un proceso de negociación con otro de los grandes grupos guerrilleros que históricamente han hecho presencia en el país, el ELN. Negociar con el ELN es muy importante para darle mayor estabilidad al proceso, disminuir las posibilidades de que este grupo intente copar los espacios del territorio dejados por las FARC y que pueda fortalecerse con los disidentes del proceso como ha ocurrido en experiencias anteriores. Sin embargo, el momento histórico en el que estos diálogos ocurren, no son alentadores. El gobierno actual se encuentra en su ocaso con un gran desgaste político que no le ofrece un mayor margen de maniobra, los intereses de la sociedad colombiana parecen no estar presentes en este proceso de negociación como con el anterior y la voluntad de este grupo guerrillero no es lo suficientemente clara. De hecho, al momento de escribir este artículo, la guerrilla del ELN había desistido de continuar el cese al fuego bilateral acordado el 1 de octubre de 2017, y había iniciado una escalada terrorista que contrastaba con el período de relativa tranquilidad vivido durante el último año.

La negociación de la paz no necesariamente conducirá a tiempos tranquilos y ausentes de violencia en el corto plazo. Persiste la incertidumbre en la implementación del acuerdo, de hecho este año serán las elecciones presidenciales, así como los brotes de violencia, sean estos contra líderes sociales, antiguos guerrilleros o población civil (especialmente por parte del ELN mientras se consolida el proceso de negociaciones). Sin embargo, la reconciliación y el logro de la paz no se consigue simplemente a partir de un acuerdo político en el que los lideres de ambos bandos deciden “dejar de darse plomo” y negocian los términos de la renuncia al uso de las armas. Se dan solamente en la apropiación y la disposición de la sociedad a acompañar, apoyar y vigilar lo pactado. Teniendo siempre presente el bien superior por el cual se realiza el esfuerzo.

Colombia atraviesa un momento histórico y reclama de parte de los ciudadanos grandeza para estar a la altura de los tiempos. Es preciso reflexionar y discutir sobre nuestro proyecto de sociedad dialogando de manera abierta y sincera entre nosotros, ser críticos con nuestras propias ideologías políticas para dar espacio a quien piensa distinto reconociendo el valor existente. Y sobre todo convencernos de la idea que si es posible una Colombia nueva cuando juntos la pensamos y la construimos como sociedad.

Luis Fernando Ramirez Ramírez
Docente – Universidad Pontificia Bolivariana

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