“La paz mejor no sé qué es” (Mons. Luis Augusto Castro)

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Entrevista realizada por Ciudad Nueva a Mons. Luis Augusto Castro en vísperas de la visita del Papa Francisco a Colombia.

Monseñor Luis Augusto Castro, trabajador constante en la solución de conflictos, de posiciones vehementes y espíritu conciliador. Considerado como un auténtico misionero de la paz…

Siendo muy joven, a los 11 años, Monseñor Castro sintió el llamado a ser misionero y en ese mismo momento quiso responder –como afirma, fue una “decisión irrevocable” como lo es todavía hoy-. Hizo el noviciado con los Misioneros de la Consolata y en 1967 fue ordenado sacerdote en Roma donde estudió teología con el deseo de ir a Africa pero luego, fue enviado a Colombia. Más específicamente a Florencia (Caquetá) al sur del país.

Después de tres años que él define “magníficos”, en los que trabajó con la Pastoral Juvenil y se desempeñó como rector de la universidad de ese entonces que hoy es la Universidad de La Amazonia, llegó a Bogotá cuando en la comunidad buscaban un rector para el seminario y allí pasó varios años hasta que lo nombraron Provincial de la congregación y más tarde viajó a Roma como consejero dentro de la dirección general de la comunidad para acompañar la pastoral de todos los misioneros en el mundo. Así que viajó a muchos países de Africa, Asia y América Latina visitando parroquias hasta cuando el Papa Juan Pablo II, en 1986 lo llamó para asignarle el Vicariato Apostólico de San Vicente del Caguán y Puerto Leguízamo, siempre al sur oriente de Colombia, en la que permaneció durante 13 años, “durísimos y maravillosos” en medio de la gente y estando en contacto con muchas realidades duras del país.

El 4 agosto de 1995, entró a hacer parte de la Comisión de Conciliación Nacional y comenzó una gira por diferentes municipios del país en pro de la paz y los diálogos.

Actualmente es arzobispo de Tunja y recientemente dejó la presidencia de la Conferencia Episcopal Colombiana para la cual fue elegido la primera vez en julio del 2005 y fue reelegido en el 2014 hasta este año, donde jugó un papel importante en el proceso y los diálogos de paz. Es con él que tenemos esta entrevista.

¿Nos puede comentar algo sobre su experiencia en el proceso de paz con las FARC?

Fue una experiencia muy bonita por las esperanzas que este proceso daba al país y porque, de alguna manera, tenía facilidades para ayudar ya que me escuchaban los unos y los otros. Durante mis trece años en San Vicente del Caguán tuve la posibilidad y la necesidad de dialogar con los guerrilleros especialmente cuando había personas secuestradas por ellos, entonces conozco a muchos de los que estaban en Cuba y cuando fui, el diálogo no era difícil. Me pidieron que me encontrara con la mesa de negociaciones y la guerrilla también me pidió que me encontrara con ellos y estuve acompañando a las víctimas que fueron a Cuba. Allí tuve ocasión de moderar los diálogos entre las víctimas y la mesa de negociación y me pareció muy esperanzador. Creo que la palabra que resume esa primera experiencia es: esperanza. Yo aprobé siempre el proceso de paz porque podría traer un futuro más amable al país, y traté de ayudar en todas las formas posibles y tanto el Alto Comisionado de Paz como el Presidente me manifestaron más de una vez que estaban agradecidos por la manito que se les había dado.

Monseñor, ¿cómo ve usted el futuro de este proceso?

Espero que el futuro sea positivo. Ojalá no se atraviese ninguna corriente ni idea política que vaya contra el proceso de paz. Hace poco le pregunté al obispo de Granada ¿Qué signos de reconciliación había allí? El me dio una respuesta maravillosa:”Los campesinos están felices… pueden trabajar en todo, sembrar, salir tranquilos”. Todo esto es fruto de las negociaciones de paz. Esto, donde la guerrilla era poderosa, dice mucho. Pero puedo decir lo mismo de muchas otras regiones de Colombia. Es que realmente quienes sufrieron la guerra como fue el campo, la llanura, entienden el valor de la paz. No lo entiende la gente urbana para quienes la guerra de Colombia es como la de Irak… más o menos la misma cosa. Algo que no los toca, pero en el área rural sí. Y los cambios que se van viendo son significativos. Esa es mi opinión acerca del proceso de paz.

¿Cuál fue el momento más crucial en todo este camino?

Evidentemente el momento más crucial en todo este camino fue cuando hubo las votaciones entre el “sí” y el “no”, porque parecía que todo se iba a acabar o nos quedábamos sin saber qué hacer. Fue muy benéfico que los ganadores del “no” aceptaran dialogar y aceptaran que se introdujeran todos los puntos que ellos pedían dentro del acuerdo y eso se hizo. Por eso el acuerdo siguió para adelante y se logró firmar la paz. Evidentemente ahí entran otras cosas que no tienen que ver con la paz sino con rencillas entre dirigentes que han polarizado enormemente al país pero el proceso de paz va para adelante. Con muchas críticas pero las críticas vienen de los que dicen “queremos una paz mejor” sólo que tienen que definir qué significa “una paz mejor” desgraciadamente la paz mejor no sé qué es.

En los acuerdos se aceptó la “justicia transicional” como una forma para acabar con la guerra. Por lo menos 48 conflictos que ha habido en el mundo, se han resuelto con base en la justicia transicional. Unos quisieran otro tipo de justicia: la justicia legal pero castigando a todos los guerrilleros como sería en condiciones ordinarias, de delitos ordinarios, sin considerar que esta gente estaba haciendo una lucha política y como en todas las guerras hay cosas horrorosas pero el hecho de que fuese una guerra política, es decir no una guerra con intereses personales, sino políticos, no con intereses como los que tiene cualquiera de las BACRIM, permite que se aplique la justicia transicional, y esto ha dolido a mucha gente que hubiera querido que les dieran bien duro pero aquí es donde entran tantos elementos humanos que pueden llevar a considerar que hay que hacer un futuro no basado sobre más rencillas y sentimientos de venganza. Hay que generar relaciones nuevas, diferentes y es lo que poco a poco se ha ido buscando y se ha ido logrando.

¿Nuestra sociedad está preparada para aceptar este proceso de paz?

Yo creo que la sociedad si anhela la paz real y una paz real es lo que se está obteniendo. Evidentemente, muchos hubieran querido otros caminos más duros para que los que hicieron la guerra sintieran el peso de la justicia pero si alguien le dice a un guerrillero: “Usted entregue las armas y su recompensa serán 25 años de cárcel” no obtendremos la paz. Por eso, con toda la sensatez del caso los acuerdos de Roma aceptaron la “justicia transicional” y se ha venido aplicando. ¡Cuántos conflictos se han resuelto con base en esta fórmula! Ojalá que la gente de la ciudad que ha sufrido menos la guerra, vaya entendiendo que esto es positivo para el país.

Lo fundamental en este proceso ha sido la esperanza desde un cambio para obtener una Colombia mejor y en paz. Se avecina la visita del Santo Padre. … ¿qué podríamos esperar de su visita?

Esa palabra “esperanza” creo que puede sintetizar lo que esperamos del Papa. Es decir que nos dé a todos esperanza de un futuro mejor, de un futuro en el que podamos vivir como hermanos que se aman y no como lobos que se despedazan. Un futuro en el que podamos vivir según los principios del Evangelio. Los principios de fraternidad, de misericordia, de igualdad.

Durante el proceso de paz, el Papa tuvo intervenciones muy interesantes y positivas que nos dieron a entender que sigue todo lo que está pasando en el país. Seguramente también ahora reforzará la esperanza, la voluntad de paz, el sentimiento de unidad en la diversidad que es importante. Se necesita una unidad también como colombianos. Reforzará la esperanza, la fe y la caridad. Las tres son inseparables y las tres las necesitamos con urgencia en nuestra patria.

Por Miguel Niño Sandoval

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