Tendemos a construirnos historias y creencias infundadas, a sustituir la verdad con nuestra “post verdad” privada.

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Todos tendemos a seleccionar lo que confirma nuestras opiniones, especialmente en las redes

Walter Quattrociocchi, de 36 años, coordinador de la Escuela de Altos Estudios (Imt) de Luca Italia, es un personaje a nivel mundial. Lo han invitado a la Casa Blanca, a la Nato, al Global Security Program, a los festivales de periodismo, a la Cámara de Deputados de Italia y a menudo aparece en los medios. Su notoriedad explotó después de que publicó, en colaboración de Antonella Vicini, el libro Misinformation el año pasado, donde publica los resultados de sus estudios sobre el flujo de noticias y opiniones que giran en las redes sociales.

Burbujas

Prácticamente en internet las personas terminan siempre por encontrar confirmaciones a lo que desean (inconscientemente) encontrar.

El mecanismo es sencillo: descuidamos lo que es contrario a nuestras convicciones para elegir sólo las noticias que nos dan la razón (¡aunque si son falsas!)

Tendemos a construirnos historias y creencias infundadas, a sustituir la verdad con nuestra “post verdad” privada, reforzando las convicciones que nos son más cómodas (confirmaciones). Creamos a nuestro alrededor una verdadera y propia “burbuja” personal que nos confirma y protege, un pequeño espacio narcisista (echo Chamber) donde sólo encuentran lugar las noticias y los amigos que comparten nuestra visión del mundo. Las redes (Facebook, Twitter, Instagram, LinkedIn, WhatsApp, Google, etc.) hacen su parte difundiendo a la velocidad de la luz, teorías de complot, narraciones extravagantes, noticias falsas que “queremos” que nos cuenten.

Tribus

Quattrociocchi, demuestra en su estudio que en Red tendemos a frecuentar sólo personas que piensan como nosotros, mientras ignoramos (y criticamos) quien no está de acuerdo con nosotros.

Esto conlleva mucho más que en la vida real a encerrarnos en “burbujas de grupo”, en tribus conformadas por personas que tienen nuestra misma orientación en política, futbol, moda, valores éticos, justicia social, arte, filosofía, religión y en todo lo demás. Los grupos digitales, tienden a reforzar la propia identidad aislándonos, radicalizándonos (polarización), excluyendo “a los demás” y a los que son diferentes de nosotros, hasta el enfrentamiento. De hecho, el grupo es más radical del individuo y lleva inexorablemente a la guerra entre tribus. ¿Se han dado cuenta cómo en las discusiones sociales, mientras crecen los comentarios, la tendencia es hacia los estados de ánimo más negativos y de desprecio recíproco? ¿Y que el que grita más alto es al que se escucha? Cuenta la emoción, no la reflexión, mientras que el ¡50% de las personas no están en grado de comprender las noticias que leen en red! Hasta aquí Quattrociocchi, que no es optimista sobre el hecho que se logre dar vuelta a la situación.

Frágiles

Tal vez la psicología cognitiva nos explica el motivo: todos somos frágiles, inseguros de nuestra imagen, necesitados de aprobación por parte de los demás. También quien parece más feliz y brillante, en fin de cuentas busca sólo defender el propio equilibrio psicológico que siente precario, variable y que no satisface (Massimo Marraffa, Alfredo Paternoster, “Sentirsi esistere – Inconscio, coscienza, autocoscienza”. Todos tenemos la necesidad de ser aceptados, por esto en las redes aparece continuamente, “vendiéndonos” a nosotros mismos y nuestra imagen. Y en los mensajes que se reciben por celular buscamos la confirmación de que nuestra vida tenga un sentido. De hecho, los medios digitales parecen ofrecer una respuesta al miedo de quedarnos solos, pero es una respuesta falsa, que no satisface. También, las últimas investigaciones confirman por ejemplo, que entre más tiempo se pasa por Facebook, más nos sentimos infelices. La tecnología se limita a distraernos, a fragmentar nuestra atención: quiere reacciones veloces y amigables, porque son las más influenciables por los señores del marketing que no tienen que vender algo.

Fatiga

Agreguemos todo esto que cambiar de idea es difícil, mientras nuestro cerebro quiere ahorrar energía. Prefiere entonces procesos de pensamiento automáticos (es decir inconscientes), que son fáciles y rápidos mientras que los conscientes requieren compromiso voluntario, controlado, lento y fatigoso. Los medios digitales hacen desarrollar precisamente la parte superficial y automática del cerebro. La consecuencia es que no sabemos más meditar e ir en profundidad en las relaciones. Nos falta la vida real, el tiempo para estar juntos, para hablar, jugar, mirarnos a los ojos sin distracciones tecnológicas, reflexionar en comunidad. Escasean los instrumentos intelectuales necesarios para leer en forma crítica el pantallazo ofrecido por internet, distinguiendo lo verdadero de lo falso.

Millones de personas en red pasan el tiempo intercambiándose mensajes sobre nada, emitiendo juicios emocionales sobre todo, sin el tiempo o la capacidad de leer un libro, en un concentrado de superficialidad e ignorancia.

¿Qué hacer?

Salir de la burbuja, personal y de grupo. No leer por lo tanto sólo el periódico o el sito o canal que piensan como yo, buscar otros puntos de vista. Desarrollar el espíritu crítico, para verificar las fuentes de las noticias y desmontar las bufonadas (Quattrociocci y muchos otros están trabajando para hacer esto más fácil). Frecuentar también a quien piensa diferente de mí, tratando de entender cuáles son los motivos que están a la base de sus convicciones.

Hacer parte de más grupos. Balancear lo real con lo virtual, dejando tiempo para las propias amistades y las relaciones reales. Sobre todo dialogar con todos. Esto significa tener una opinión propia sobre los argumentos, pero también saber escuchar, con la humildad de ponerse en discusión y no cerrarse, dispuestos a cambiar de idea, sin ponerse rígidos en las propias posiciones.

Significa arriesgar, dejarse influenciar por el otro, darle campo: en cualquier caso, al final del diálogo, a lo mejor, me quedaré con mi opinión y él con la suya, pero en el sostener mis ideas, de ahora en adelante, lo tendré a él dentro de mí, por lo cual seré más respetuoso, delicado e inclusivo. Para poder estar bien en red y en la sociedad globalizada de hoy, en fin de cuentas, tenemos que ser ciudadanos del mundo, capaces de apreciar las ideas y la cultura del otro como la nuestra. Capaces de ponernos en los zapatos del otro, tratando de ver las cosas desde su punto de vista. Empatía es una palabrita mágica.

Conviene buscar lo positivo, el bien común, y buscarlo juntos, porque solos no encontramos la felicidad, ni siquiera en las redes.

Por Giulio Meazzini

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