Miloslav Vlk

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Para el régimen checoslovaco era el “ciudadano Vlk”: al final de los años ’70 trabajaba como lava vidrios, estaba obligado a confesar en las aceras de las calles. A escondidas, como escondida estaba “La Iglesia Oculta”.

Miloslav Vlk el cardenal que resistió al comunismo”. Así titula el periódico Avvenire de Italia, un artículo sobre el Cardenal checo.

El invierno, en Praga, era muy frío y muchas veces el agua se helaba en el balde. Si no había viento, se lograba trabajar también a 10 grados bajo cero. Aquel lava vidrios resguardado en su chaqueta y un gorro que le tapaba casi todo el rostro, a menudo miraba a su alrededor, apoyaba el palo con la esponja y se arriesgaba “a confesar en las aceras, o a hablar con las personas en dificultad”. Fue así por muchos años. Para el régimen comunista era simplemente el “ciudadano Vlk” y junto con él, el sábado 18 de abril, se fue un hombre de Dios; una historia difícil imaginar. El Cardenal Miloslav Vlk, arzobispo emérito de Praga, tenía ochenta y cuatro años.

Miloslav Vlk nació el 17 de mayo de 1932 en Boemia, el Liesnice, un pueblo a unos 100 kilómetros al sur de Praga. De niño sueña ser piloto pero la atracción hacia el sacerdocio lo acompaña desde los 11 años. Luego de los estudios en el seminario menor, en los años cincuenta, con la represión y la prohibición de inscribirse en la universidad por no hacer parte de la “Juventud comunista”, el joven Vlk trabaja como obrero en la fábrica Motor Unión, llenando moldes con metal fundido. A inicios de los años 60, durante un viaje en la entonces Alemania Oriental, encuentra algunos laicos y sacerdotes que viven la espiritualidad de la unidad. Queda impresionado por la presencia de Jesús en este grupo de cristianos, presencia que Él promete: “Cuando dos o más están unidos en mi nombre…” (cf. Mt. 18, 20). Esta experiencia de comunión lo acompañará siempre.

Sólo después del servicio militar, frecuenta la universidad. Estudia y trabaja como archivista. Finalmente termina sus estudios y se ordena sacerdote en plena “Primavera de Praga”, el 23 de junio de 1968, un mes antes que los carros armados rusos invadieran Checoslovaquia. La Iglesia no se detiene y aquel sacerdote joven y culto da fastidio: en 1971, el sistema estatal comunista lo trasfiere a parroquias en la Selva Bohema. Siete años más tarde por su ascendencia con los jóvenes, le retiran el permiso para realizar su labor sacerdotal. “He perdido mi licencia y no puedo celebrar más la Misa –explica a sus parroquianos-. He hablado y predicado de la cruz y he recomendado de cargarla. Ahora es el momento de tomarla”. Se convierte en “ciudadano” y en Praga trabaja como limpia vidrios.

En aquellos años frecuenta el “focolar[1]” que clandestinamente se había abierto en Praga. Tuvo que esperar hasta 1989 y la “Revolución de Terciopelo” para volver a obtener licencia para ejercer su sacerdocio. Juan Pablo II conoce muy bien qué tipo de hombre es y lo nombra Obispo de Ceské en 1990 y enseguida, arzobispo de Praga. En 1993 sucede al Cardenal Carlo María Martini como presidente de los obispos europeos y el ’94 es nombrado Cardenal.

Después de la muerte de Monseñor Klaus Hemmerle, quien inició con Chiara Lubich la rama de los Obispos Amigos del Movimiento de los Focolares, en enero de 1994, asume el rol de moderador. Compromiso que desarrolla por 18 años, convocando y sosteniendo numerosos encuentros internacionales de obispos, católicos y de varias Iglesias.

Para él, los años definitivos fueron aquellos con el balde y la esponja en las calles de Praga que luego lo vio como Arzobispo. “No podía predicar ni distribuir los sacramentos públicamente, pero mirando la cruz entendí que mi Sumo Sacerdote, Jesús, cuando estaba en la cruz no lograba hablar y tenía las manos clavadas. Me convencí: “ahora estás cerca del Sumo Sacerdote” (…). La espiritualidad de los Focolares me guio en esta dirección. Entendí la fuerza de la que habla Isaías 53: “El hombre de los dolores”. Comenta el Cardenal y continúa: “He vivido por largo tiempo en esta luz. Todo lo que es feo puede servir para mi edificación. Sin exagerar, comprendí que estos 10 años fueron los más bendecidos de mi vida sacerdotal.” Le gustaba repetir: “Considero un milagro que Dios haya difundido la espiritualidad de la unidad en el mundo socialista, donde todo estaba vigilado. Él conoce siempre los caminos”.

Refiriéndose a su reciente crisis en la enfermedad, le comenta a un amigo sacerdote: “El Eterno Padre me invita a reducir mi actividad: ha llegado la hora de pensionarme. Es voluntad de Dios. Dios es Padre y es cercano. (…) A la pregunta si tenía dolores: “No, ¡pero Dios tiene dolores, quiere habitar en medio nuestro y nosotros no nos damos cuenta!”

 Preparado por Sodedad Rubiano

 [1] Comunidad de laicos del Movimiento de los Focolares fundado por Chiara Lubich

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