Bolivia, multiplicidad de creatividad cultural

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Si bien los países latinoamericanos tienen muchos aspectos en común, también es fácil darse cuenta, sólo por detalles como las postales de los hermosos paisajes y la multiplicidad de acentos, que existen diferencias que enriquecen al subcontinente sudamericano y lo colorean de música, danzas, comidas, leyendas y hasta bromas tan particulares como valiosas pues rescatan aspectos culturales de cada pueblo.

Cuando en la televisión pasan campeonatos internacionales de fútbol y aparece una bandera roja, amarilla y verde, más allá de identificarla con el país andino nos preguntamos: ¿qué más conocemos del país fundado por Bolívar sobre la antigua audiencia de Charcas?

En este contexto y para conocer Bolivia, hay que remontarse al tiempo misional a finales de 1500 cuando jesuitas venidos del sur fundaron reducciones para detener el avance de los bandeirantes portugueses venidos de oriente para ampliar su territorio en estas latitudes. Al ver el mapa del país, uno puede darse cuenta que hasta donde llegaron estas misiones se preservó territorio español, más tarde anexado a la llamada audiencia de Charcas, que no era otra cosa que el espacio de influencia y de tránsito del polo de extracción de plata más grande del planeta en el periodo histórico de las conquistas y colonias europeas en el mundo.

Atrapadas en estos márgenes alto peruanos, primero coloniales y luego republicanos, pervivieron 3 grandes culturas andinas originarias y más de 30 en las tierras bajas, algunas de ellas parte de naciones presentes en diferentes países como los Quechuas y Aymaras, al noroeste, o como los Guaraníes al sur este.

La gran explosión cultural de las diferentes etnias y de los distintos mestizajes con europeos y afro descendientes, se hace evidente en los carnavales y las múltiples manifestaciones colectivas de bailes, música, comida y otras expresiones culturales asociadas a la fiesta y regocijo de esta tradición que encontró un fértil campo creativo en América latina.

En medio del altiplano boliviano, la mayor, pero no única expresión de folklor intercultural boliviano, es el Carnaval de Oruro que ha asociado a la música y a la danza, la visión y religiosidad local de los pueblos andinos originarios combinadas sincréticamente con los santos europeos y con la mitología cristiana de las hordas de diablos y de arcángeles, con las vivencias de la cruda esclavitud colonial. Esta gran manifestación, originalmente minera y religiosa de veneración a la virgen, llamada del Socavón, asociada subterráneamente a la madre tierra y al señor del subsuelo y de los abismos, ha servido, también, de marco para la evolución “contaminada” de las danzas de diferentes grupos étnicos no sólo de la región andina, sino de todo el país, divididos en alrededor de 20 subgrupos.

Todo este conjunto de expresiones colectivas hace de esta manifestación cultural el mayor patrimonio oral e intangible de Bolivia, ahora reconocido por la UNESCO como parte de la riqueza de la humanidad, pues además de la composición musical y de las coreografías asociadas, miles de artesanos preparan año tras año nuevos modelos de trajes con finos retoques y bordados, elaboran máscaras y accesorios que sin desprenderse de la tradición nacional incorporan cada año innovaciones que hacen todavía más atractivo este Carnaval.

La influencia cultural boliviana ha llegado a las ciudades vecinas tanto bolivianas como peruanas y chilenas, donde de manera adaptada y a modo suyo, reproducen la esencia de Oruro que es la síntesis del folklor andino desde el Titicaca hasta Potosí, pasando por las grandes cadenas de valles interandinos desde Cochabamba y Sucre, donde además de la música y danza se aprecia en arquitectura y pintura la influencia del barroco indígena de Cuzco en obras de gran valor artístico e histórico.

Muchas iglesias se pierden en la inmensidad árida del altiplano o se esconden en pequeños poblados; sin embargo, al entrar a ellas el visitante se transporta en el tiempo contemplando los magníficos altares barrocos recubiertos con pan de oro y las maravillosas pinturas en óleo.

Un punto aparte son las ciudades coloniales de Potosí y Sucre, donde además se conservan conventos y edificios históricos que albergan innumerables objetos artísticos.

Retornando a la fiesta pero cambiando de zona geográfica, otras expresiones distintas son los carnavales de Tarija, al sur de Bolivia, y de Santa Cruz en las serranías de las tierras bajas, cada uno reflejo de sus entornos culturales.

Pero de esta última ciudad nombrada debe decirse que hace parte de la multiplicidad de reducciones y ciudades fundadas por jesuitas y españoles para la colonización y evangelización de las tierras tropicales habitadas por diferentes etnias que vagaban nómadas por selvas, pantanos y sabanas del centro de Sudamérica.

Cabe decir también que, además de las hermosas Iglesias talladas en madera, Bolivia comparte con Paraguay y Argentina, un patrimonio de música barroca sacra original que ha comenzado a conquistar seguidores en el continente viejo. Las tradiciones de estos pueblos, con sus danzas y trajes típicos, se exponen con mayor belleza en las fiestas religiosas católicas.

Al centro de Bolivia se encuentra Cochabamba, ciudad de paso y otrora llamada el granero de Bolivia porque en sus grandes valles templados se cultivaba el alimento para los mineros de tierras más altas. Su ubicación la hace tierra de integración nacional, pues para atravesar el país el viajero debe pasar por esta ciudad que heredó, como tierra agrícola, la buena mano en la cocina al contar con variedad de productos frescos. Hoy se precia de tener la mejor comida criolla del país.

Pero además de ello, en agosto Cochabamba alberga en sus provincias una fiesta muy importante por la cantidad de visitantes y la actividad que genera. El 15 de agosto, día en que el mundo celebra la Asunción de María, sobre lo que fuera centro de veneración a la Pachamama, o madre tierra, se desarrolla una gran fiesta en honor de la denominada Virgen de Urkupiña.

Esta fiesta de mestizos e indígenas ha logrado concentrar la atención y la peregrinación de personas del interior y del exterior del país, pues además de las expresiones artísticas y folklóricas, los visitantes procuran la prosperidad y bonanza al ganarse la buena voluntad y la mirada de la mamita de Urkupiña.

Esta es una mirada veloz del país vecino y amigo, que compone con su cultura el colorido tablero de países hispano americanos, pues como los otros desborda de creatividad cultural en la multiplicidad de etnias y la simbiosis histórica.

Por Alfonso Alarcón

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