Bitácora del regreso a casa en Venezuela

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¿Cuántas excusas se necesitan para volver a casa? ¿Un cumpleaños o aniversario de un ser querido? ¿Una fiesta que reúna la familia? ¿El vencimiento de un documento y el impedimento burocrático de solucionarlo o renovarlo a distancia?

Cuatro años han sido suficientes para tanta nostalgia acumulada. Decidí no quedarme a esperar que otros, aún con la mayor prueba de amor, me hicieran parte de sus celebraciones. Este año no tenía energías para eso, este año ameritaba que la carga de baterías fuera total y desde mi mismo ADN.

Estas semanas las noticias sobre mi país han sido particularmente alarmantes. Hay quien se preocupa del momento en que hago el viaje, pero al chequear dos fuentes independiente y objetivas me aseguran que el sentido de alerta que los venezolanos tenemos incorporado y que nos protege de muchas vicisitudes, regresará a mí tan pronto pise suelo patrio.

Para ponerme “en onda” escucho “Venezuela viva” el musical que hace 10 años, cuando yo era parte integrante del servicio exterior de mi país, dejó muy en alto el valor artístico no sólo la academia de baile que ejecutaba el espectáculo en giras internacionales.

22 de Dic. de 2016

Me siento perdida aún entre tantos escenarios familiares. Todo es mucho más complejo y fatigoso, todo es más complicado. Cualquier gestión requiere mucho esfuerzo, especialmente difícil de entender y seguir para quienes hemos estado ausentes. Han cambiado mucho las reglas de juego, ha cambiado la actitud de la gente…

A muchos, el ritmo de la vida se lo impone el horario del agua, los apagones, las colas para conseguir artículos esenciales a precios razonables o las distintas disposiciones. En el banco no puedes hacer nada sin que esté vigente la cédula, pero cuando vienes de haber estado ausente varios años, es muy posible que no la tengas al día. Renovarla toma por lo menos una semana en la que no puedes hacer prácticamente nada y con lo breve del viaje te quedas bloqueado. Como siempre, más allá de que las reglas estén establecidas, quedas a expensas del humor de quien te atienda al momento de solicitar un servicio.

Sin embargo, uno de los regalos más significativos de estos días, vino de parte de un gerente de operaciones de una sucursal bancaria, cuando le pedí una autorización para una gestión extraordinaria y en cambio me permitió resolver el problema de manera rápida y sencilla…, se lo agradecí mucho y aun rezo para que Dios le retribuya ese favor con creces. Cuando estudié en la universidad se decía que Venezuela tenía 30 años de atraso con respecto a los países del primer mundo, pero ahora son como 60 años de diferencia.

Para Nochebuena, como recuerdo muchas ocasiones en mi infancia, comenzamos el viaje en Valencia por la noche para pasarla con mamá. Al principio me preocupé porque alguien debía quedarse despierto para acompañar y entretener al piloto. No fue necesario, apenas emprendimos el viaje, comenzaron a los cuentos de Navidad patrimonio de la familia, por aquello de pasar la memoria cultural de generación en generación. Seguimos con los chistes; la mejor herencia de papá, único físicamente ausente, pero su presencia era casi palpable.

Bitácora 3

En Venezuela recientemente se ha acuñado la expresión “situación país” que viene a explicar circunstancias de fuerza mayor por las que ya no se presta un determinado servicio o se ofrece un bien a la venta, suena como un justificativo de que las cosas no funcionen. Estos días, entre el shock de los cambios y tantas emociones encontradas, me han dejado en cierto estado catalítico…, Es tiempo también de reflexión profunda.

En éste, el país del culto a la belleza, noto una gran disminución del peso corporal, me dicen que el promedio de pérdida es de 8 a 10 kilos anuales. Es parte de un aspecto demacrado y en general perecería que la estética va perdiendo terreno aunque se mantiene como de uno de los valores prioritarios de los venezolanos.

El país se ha vuelto como una mina que para descubrir su belleza tienes que hacer un trabajo forzoso, pero está allí, intacta, inalterable. Me refiero a las bellezas naturales que no se pueden empacar en una maleta, a la comida típica cuando logras hacerla o pagar por ella por el mismo sabor característico. Pero también me refiero a la gente que en algunos casos no ha sido contaminada por el radicalismo político y a pesar de las adversidades no ha perdido la frescura, candidez y alegría que nos caracteriza.

Bitácora 4

En el aeropuerto la obra de Carlos Cruz Diez me despide y nuevamente tengo la certeza de que cuando regrese seré otra persona.

Por Gilda Rada

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