Estrategia para recuperar a los habitantes de calle en Bogotá

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Confianza, amor, autoestima, son algunos de los valores que es importante trabajar con los habitantes de calle, en un proceso de dignificación de la sociedad.  

Son las 7:30 de la noche, el grupo de ‘Aguapaneleros’ empezó su habitual recorrido. Hoy decidieron cambiar el agua de panela por gaseosa y llevar pan y galletas a los habitantes de calle. El recorrido inició en la calle 39 con Caracas, lugar donde generalmente se reúnen a preparar los alimentos. El grupo está compuesto por 10 voluntarios, número que varía dependiendo de la fecha. El proyecto surgió en 1998, pero con el tiempo las personas que lo integran han ido cambiando, cuenta Pablo Garay, estudiante de Psicología, quien acude a los recorridos hace tres años.  Una vez al mes los ‘Aguapaneleros’ salen a compartir algunas horas del sábado con los habitantes de calle.

En medio de una vía oscura, en mal estado y donde sus transeúntes se encuentran en condiciones precarias, los voluntarios caminan sin miedo, o si lo tienen lo saben disimular. A dos cuadras de la Iglesia de Lourdes, se encuentra Fabián, sus ojos claros y tristes, el pelo sucio y una dentadura desgastada reflejan su situación: acaba de salir del hospital, tiene una cura en el brazo para proteger la herida del catéter. Cuenta que su esposa murió de diabetes, él temía que le pasara lo mismo, por eso fue al centro de salud. Le dijeron que debían internarlo y agradeció que lo hicieran, así iba a estar alejado del trago, vicio que lo tiene en estado de indigencia. Dice que espera salir adelante, encontrar un trabajo y recuperarse.

Como Fabián hay aproximadamente otras 12 mil personas que habitan las calles de la capital, según cifras de la Secretaria Distrital de Integración Social de Bogotá. Con el fin de atender a este sector de la población la Secretaria ha invertido 58 mil millones de pesos durante los últimos cuatro años. Dentro de los proyectos desarrollados se encuentra “La Academia”, un espacio de formación para los habitantes de calle que se inauguró el año pasado. Desde su apertura se han graduado 391 personas, en áreas como carpintería, construcción, cocina, murales, repostería, fibras y tejidos, inglés y alfabetización de primaria y bachillerato.

Maritza del Carmen Mosquera, Directora de la Dirección Territorial de la Secretaría de Integración Social, afirma que las oportunidades laborales de los habitantes de calle después de vincularse a “La Academia” son muchísimas: “Sé de antemano que la Alta Consejería para las Victimas, la Secretaría de Educación, el SENA y la Fundación Escuela Taller de Bogotá capacita a estas personas a través del programa Adultez con el fin de facilitar, a futuro, procesos de vinculación laboral en oficios productivos”. Proyectos como este buscan potencializar las capacidades de las personas, favoreciendo su autoestima, agrega Mosquera.

El grupo de los Aguapaneleros le ofrece comida a Oriel, reciclador que viene del barrio El Polo cargando una carretilla con muebles, zapatos y demás implementos, con la cual espera llegar al mercado de las pulgas del centro (todavía le faltan bastantes cuadras). Oriel entablando conversación con los ‘Aguapaneleros’, pregunta: ¿Ustedes si creen que sirve de algo darles de comer a los habitantes de calle? Juan David Rojas, quien hace parte del grupo hace dos años, le explica que la idea no es sólo darles comida sino escucharlos y contribuir a que mejoren  su condición. Si manifiestan que ya no quieren estar ahí, los contactan con instituciones que los ayudan a reintegrarse.

De igual forma, Alejandro Mesa, encargado de los recorridos nocturnos de La Fundación ‘Pocalana’, considera que los alimentos que entregan a los habitantes de calle cumplen su finalidad cuando sirven como puente de comunicación. La fundación tiene 22 años de servicio, su labor consiste en visitar a los ‘Pocalana’, como ellos han denominado a los habitantes de calle, que se encuentran ubicados en Cinco Huecos, Plaza España, la 26 con 19 y el Parque Santander. Los recorridos se realizan los sábados de 8:30 de la noche a 2:00 de la mañana. Durante este tiempo, juegan fútbol, cantan, bailan, conversan, “ellos ya saben que vamos a pasarla rico, a pasarla chévere”, afirma Mesa.

La Fundación ‘Pocalana’ ha contribuido en la recuperación de 100 habitantes de calle. El proceso de acompañamiento, cuenta Mesa, consiste en formar un lazo de amistad porque “lo más importante es conocer a la persona”. Después viene una serie de etapas enfocadas en reforzar la disciplina y el autocontrol del ‘Pocalana’. Las tareas consisten, por ejemplo, en entregarle un par de medias al habitante de calle con la condición de que en el próximo recorrido las tenga “bien sea puestas, en una bolsa o en la mano pero tiene que responder por ellas. Esa es una primera tarea con un viso de responsabilidad” dice Mesa.

Otra estrategia es concretar una cita: Usted y yo vamos a encontrarnos a tal hora, en tal sitio, lo voy a invitar a comer algo. Si él asiste, es un paso positivo en su proceso. “Así, durante más o menos cuatro meses se van utilizando estos métodos para que el habitante de calle se rehabilite un poco”, expone Mesa. Luego, ‘Pocalana’ se encarga de conseguir una institución, o de contactar a la familia para que la persona continúe con su rehabilitación.

Paola Andrea Chacón, una de las voluntarias de ‘Aguapaneleros’, afirma que en Bogotá los habitantes de calle están muy descuidados, “son un cero a la izquierda pero, detrás de cada uno hay una historia y corazones muy heridos que necesitan amor”. La voluntaria estuvo al tanto del proceso de reintegración de Brayan, joven que expresó su deseo de rehabilitarse en uno de los recorridos. Para apoyarlo, acudieron a la comunidad de las hermanas Vicentinas, dirigida por Sor Nohemy Sánchez, conocida como “La madre de los habitantes de calle”. Brayan, ahora vive con su familia otra vez.

La Fundación ‘Pocalana’, los ‘Aguapaneleros’   y la Secretaria de Integración Social coinciden en que lo más importante es hacerlos sentir personas otra vez, que no por vivir en condiciones tan precarias han perdido su valor. Llamarlos “desechables” sólo contribuye a reproducir un imaginario sobre el habitante de calle que dificulta su reintegración a la sociedad. La meta es concientizarnos todos del valor que son estas personas y del aporte que pueden hacer a la comunidad.

Por María Dolores Ponce de León

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