Venezuela, una encrucijada dolorosa

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La situación del país recuerda a aquellas ollas de presión antiguas cuya válvula se obstruía y terminaban estallando. En nuestro caso, el Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia son esa válvula. Las encuestas arrojan que 80% de los venezolanos quiere revocar el mandato presidencial al Sr. Nicolás Maduro. Sin embargo, unos tribunales estadales, sin competencia en materia electoral, dictaron casi al unísono medidas cautelares por un supuesto fraude, en cuyo nombre anularon el total de las firmas recogidas en dichos estados y auditadas por el Consejo Nacional Electoral.

Apenas dos horas más tarde, el Poder Electoral acataba aquellos írritos dictámenes y suspendía temporalmente el derecho de los venezolanos a una salida pacífica y electoral. Ya conocemos de memoria la eterna temporalidad del chavismo. Todavía recordamos con amargura aquel «temporal control de divisas» que lleva 14 años asfixiando nuestra economía.

Ahora el Congreso se ha visto en la obligación moral de declarar la ruptura del hilo constitucional y llamar a la defensa popular del orden democrático. El país se ha detenido de golpe ante una encrucijada dolorosa: un camino conduce a la oscuridad, el sufrimiento y el atraso. El otro camino conduce a la luz y a la libertad, pero su tránsito casi resume el mismo dolor que el primero entraña. La cuestión no es ya si sufrimos o no, sino decidir qué queremos hacer con nuestro dolor, inexorable.

Por Jerónimo Alayón

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