Ágape por Colombia

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Encuentros de reconciliación y perdón entre diferentes sobrevivientes del conflicto armado colombiano. El fin último es apostarle a la construcción de nuevas relaciones interpersonales que permitan reconstruir el tejido social y redunden en una sociedad en paz.

La fundación Ágape inició en el 2007 en Canadá con un grupo de colombianos que vivían allá a raíz de un programa de pasantías culturales y laborales que la OIM (Organización Internacional para Migraciones) tenía para los jóvenes desvinculados de la guerra, para darles la oportunidad de hacer una experiencia en un país en paz. Era un programa del ICBF (Instituto Colombiano de Bienestar Familiar) Esos niños, niñas, jóvenes y adolescentes desvinculados estaban recién salidos de los grupos armados ilegales. Habían salido o se habían escapado como menores por eso son “desvinculados”. A los que ya son adultos se les llama “desmovilizados”. Nos cuenta María Victoria de la Morena, una de las voluntarias de la Fundación.

Ágape por Colombia comenzó en Canadá…

“Durante tres años consecutivos, 9 jóvenes desvinculados pasaron el verano en casas de familias colombianas, migrantes y refugiadas en Canadá: compartían actividades y tiempos. En esos espacios vividos juntos se dieron experiencias de restauración de confianza y de construcción de la convivencia entre ellos y la sociedad civil al igual que con las otras víctimas del conflicto.

En el 2007, la embajada de Colombia en Canadá llamó a Inés Marchand, trabajadora social que lleva 30 años viviendo en Monreal para contarle el proyecto con esos jóvenes. Se trataba de visitar universidades y, con su experiencia en los grupos armados, sensibilizar sobre el tema del reclutamiento infantil. Se empezó así a movilizar la comunidad colombiana con la idea de enseñar a los jóvenes a convivir en paz. Pero en las convivencias se dieron cuenta que los jóvenes eran agentes de reconciliación porque coincidía que las familias que los acogían eran desplazadas por la guerrilla, por lo tanto no se dio lo que habían proyectado pero se dieron momentos muy emotivos de perdón, de reconciliación y esto comenzó a crecer. Así que los jóvenes, además de beneficiarse del programa, se convirtieron en agentes de reconciliación. El gobierno canadiense cambió y no se permitieron más estas pasantías por lo tanto ya no tenían a los jóvenes”.

Pero la experiencia fue muy fuerte…

“Esa experiencia no podía quedarse así porque, tanto para los jóvenes desvinculados, como para las familias desplazadas fue muy sanador; al igual que a nivel de restauración de la sociedad era importante. Ese poder reconocerse fue muy sano entonces, Inés con los 9 jóvenes y algunas de las familias se pusieron en marcha para poder replicarlo en Colombia y en el 2012 hizo un encuentro en Armenia al que se convocaron diferentes personas, también no vinculadas al conflicto”.

El grupo ha crecido ¿cómo llegan sus miembros?

“La presidenta conocía a varios desplazados y los invita junto a los jóvenes de las pasantías a Armenia para el primer encuentro que se hace en Colombia. No hay una convocatoria pública sino que espontáneamente se fueron reuniendo varias personas y así conoció a Lucía Bórquez, directora de la asociación “Iniciativas de cambio” y comenzaron a invitar a quienes pensaban que les podía interesar. Los jóvenes desvinculados invitan a sus compañeros y los desplazados que conocen gente en sus mismas condiciones y así han llegado varios. También policías, entre ellos uno que estuvo secuestrado 13 años que más tarde llevó al carcelero que lo vigiló durante 10 años y luego llevó a otro desvinculado. No todo es tan blanco y negro: buenos y malos. Por ejemplo los sargentos apoyan a muchos jóvenes que estuvieron con ellos en los campamentos y que eran guerrilleros con los que construyeron relaciones de amistad. Los jóvenes los buscan cuando están en peligro y ellos los ayudan y les buscan empleo… esa es la dinámica de cómo se han ido configurando los encuentros”.

Entonces ¿son víctimas y victimarios que se encuentran?

“Ágape no ha trabajado directamente con victimarios, si entendemos como victimarios aquellos que han hecho daño pero que son adultos. Aunque hay algunos que estuvieron como adultos en el monte. Tiene esa particularidad, que han llegado a los grupos armados siendo menores de edad por lo tanto, legalmente son víctimas.

También hemos trabajado su condición de victimarios aunque eran menores y la responsabilidad del daño que se hizo fue realmente de los adultos que abusaron del poder para obligarlos a que hicieran cosas que no debían hacer y de todos modos ellos hicieron daño. Entonces tienen también su condición de victimarios. Eso es ineludible y trabajamos con ellos todo el tema de la culpa y de cómo afrontar esa doble situación. Son personas que son víctimas como tal, pero que los han visto siempre como victimarios a pesar de ser menores de edad. Y así los han tratado en un inicio”.

Es la construcción de la fraternidad…

“En los grupos hay representantes de cada colectivo: jóvenes desvinculados, policías que fueron liberados del secuestro, mujeres abusadas, desplazados, comunidades indígenas, comunidad afro. Hay variedad que representa toda la sociedad y la reconciliación que se plantea en Ágape no es tanto esa reconciliación dual en la que hay un victimario y una víctima sino que se reconoce que las víctimas han pasado también por hechos victimizantes y a veces se sienten opuestas entre sí. Por ejemplo a los representantes de las comunidades indígenas les costaba mucho que hubiera policías porque las fuerzas armadas han causado mucho daño a las comunidades indígenas y los policías liberados se consideraban víctimas, porque fueron secuestrados y estaban reticentes con los chicos que salían de los grupos armados y, a su vez, estos chicos con respecto a los policías. Finalmente todos han pasado por hechos victimizantes pero entre sí tienen reticencias porque consideran que han estado en el otro bando. Lo que se trabaja son los relatos de las historias de vida a través de cuatro talleres: Se trabaja la convivencia, cómo se restauran las relaciones de confianza, qué es el perdón y la reconciliación. Muchos llegan tensos y al final todos se consideran una familia y se construyen relaciones de verdadera amistad.

En el primer encuentro había dos personas que han sido desplazadas tres veces y no esperaban encontrarse con desvinculados. Con lo que habían sufrido, pudieron expresar toda la frustración ante los jóvenes que las escucharon, aunque no eran los que directamente les habían causado el daño pero que habían formado parte de los grupos armados. Esto les sirvió para sanar su vida, para expresar pero también para comprender la historia de vida de estos jóvenes que en su cabeza eran terroristas; como lo son para una parte importante de la sociedad porque ese es el imaginario que se vende en los medios de comunicación pero que cuando empiezas a penetrar ves el sufrimiento que hay detrás de estos jóvenes que han sido capturados para la guerra o se han ido porque están en situaciones de violencia intrafamiliar fuerte; entonces el poder escucharlos a ellos hace que se vayan rompiendo esos estereotipos que hay sobre ellos y ver el lado humano, el lado vulnerable y las situaciones de perdón que se producen son muy fuertes.

Se necesita entender las situaciones con un nivel alto de tolerancia de compresión hacia el otro, porque no siempre cuando alguien vuelve a la vida civil es aceptado. Muchos logran tener una vida estable… algunos siguen ayudando en estas mismas fundaciones pero, todos han tenido que recorrer un camino con las uñas para adaptarse a este sistema tan hostil para sobrevivir. Muchos que entraron como niños no tenían formación… las historias son variadas hay gente de éxito y otras que les cuesta más reintegrarse, porque además no pueden identificarse porque hay muchos prejuicios para contratarlos. La Fundación trata de ayudarlos en la medida de sus posibilidades. A veces para una beca de estudios o para el primer mes de arriendo de un local para un negocio y a veces no funciona porque es empezar algo muy distinto de lo que han hecho.

Las cosas no son blancas y negras sino mucho más complejas. Esto es restaurar relaciones de confianza, reconstruir tejido social y empezar a pensar otro tipo de relaciones sociales basadas en el diálogo transformador, no en la violencia, en el respeto al otro, en la valoración de la vida del otro y se ve que es desde allí donde se empiezan a construir las bases de una sociedad libre de conflicto”.

Por Soledad Rubiano

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